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Nerea Pallares nos desvela los secretos de su primera novela «Punto de araña».

Llamada por el espíritu del mar y del viento que bate en la puerta de todas las casas, Ari llega a Camariñas, un pueblo laberíntico que le resulta extrañamente familiar, para encargarse del museo del encaje y ejercer como guía turística, sin saber aún que las mujeres de la localidad han tomado una decisión que está a punto de cambiarlo todo. Hartas del egoísmo de los hombres ausentes, dueños del dinero y de las decisiones, y de sostener la voz de todos sin tener una propia, las encajeras o palilleiras –que son también rederas, mariscadoras y trabajadoras de la conservera– deciden acabar con esta situación de una forma drástica y peligrosa: llamando a las arañas. Tres deidades dotadas de un poder y una sabiduría ancestrales.

Punto de araña es la deslumbrante primera novela de Nerea Pallares es una obra marinera y coral, salpicada por la espuma de las olas que rompen contra las rocas y tejida con las voces de tres generaciones de mujeres que se rebelan frente a la injusticia. Una oda a las que tejen las redes invisibles que nos sostienen; a las manos que, en silencio, entrelazan el mundo y a las manos de las amigas, red de redes. Ella misma nos habla de todo ello en esta entrevista.

¿Cuál es el origen de la novela?
Diría que el germen de la novela parte de lo mucho que me fascina la conexión que hay, y que conocemos, entre el acto de tejer y el lenguaje. Es algo evidente en el habla cotidiana, llena de expresiones como "hilar fino", "perder el hilo…". Esto me llevó a preguntarme qué pasaría si el tejer y el destejer tuvieran la capacidad de influir en lo que sucede en la realidad de una forma muy concreta. E inmediatamente después surgió entonces la otra pregunta: ¿quiénes son las que tejen? Y de ahí esta historia, Punto de araña, la de estas tejedoras, que en el libro tienen una doble dimensión, entre lo mítico y lo cotidiano.

Háblanos de estas tejedoras.
Las tejedoras son las palilleiras protagonistas, quienes realizan encaje de bolillos, pero que están relacionadas con el tejido de muchas otras maneras, como atadoras y redeiras, arreglando las redes de pesca. Las tejedoras también son las arañas, un símbolo arquetípico muy importante en la novela, tres señoras temibles: una suerte de moiras, nornas, parcas...

Es aquí donde entra la doble dimensión, entre lo mítico y lo cotidiano.
Sí, las realidades mítica y cotidiana son indivisibles en la novela. Creo que los mitos tienen la capacidad de conectarnos con un conocimiento antiguo, están para explicar la vida y acompañarla. Por eso creo que necesitamos revisarlos y cambiarlos cuando creemos que están perdiendo su función, aterrizarlos de nuevo en nuestra realidad. En esta historia, se reinterpretan algunos mitos en clave feminista y lo sobrenatural se entremezcla con lo cotidiano. Uno de los retos de Punto de araña, de hecho, fue conseguir que esta fusión resultase natural y poder revisar los mitos sin que al lector le pareciesen algo ajeno.

El nexo de estas dos realidades, la mítica y la cotidiana, es el encaje de bolillos, ¿qué papel juega en la novela?
Era un símbolo perfecto. Las mujeres de la novela se reúnen para tejer, un acto tradicionalmente ligado a lo doméstico y a lo domesticado, y la idea de subvertir este acto y darle otra dimensión, me parecía muy poderosa. Además, el encaje en la Costa da Morte tiene un punto misterioso, por su carácter ancestral y porque no se conoce bien cuál es el origen. Incluso los propios patrones de encaje pueden parecer símbolos esotéricos. Pero, ante todo, la elección del encaje de bolillos, y no otro tipo de tejido, se debe a cómo se relaciona con el hueco: hay en Punto de araña una analogía clara entre las redes, el encaje y la propia escritura. Para funcionar, los tres necesitan del hueco: las redes para dejar pasar el agua y conseguir así las capturas del mar; en el encaje, el revés configura un negativo necesario para que el envés tenga sentido; y lo mismo sucede a la palabra en la escritura, que necesita del silencio para evocar un significado.

Punto de araña es un libro coral, no hay una voz dominante. ¿Quiénes son las protagonistas de esta historia?
Las mujeres del pueblo. Esta es una novela marinera, narrada desde el punto de vista de las que se quedan en la orilla, de las mujeres del mar, de las que sobreviven combinando trabajos precarios, de las que hacen, en silencio, cosas para otros. Estamos acostumbrados a las grandes gestas de altamar que libran los hombres, pero para mí la verdadera épica está en otro lugar. En lo pequeño y en lo diario. En las manos de todas las que tejen lo cotidiano y, con ese gesto, sostienen el mundo. Y en las manos que, agarradas unas a otras, se sostienen entre ellas. Porque Punto de araña es, ante todo, una historia de amistad entre mujeres.

El libro propone una rebelión: ¿Qué pasaría si dejáramos de sostener, de tejer...?
Qué pasaría si dejáramos de hacerlo, sí. Esta es la premisa del libro. En la novela se habla de que estas mujeres realizan un trabajo continuo, cuyo resultado solo se aprecia si se detiene. Si el tejido cesa. Y por eso con esta historia quise invocar el movimiento contrario y necesario: el destejer.

¿Quién es Ari, el hilo del relato?
Ari llega al pueblo para encargarse del museo del encaje. Es guía y una encajera muy experta. Su mirada es la de la extranjera. Y, a través de ella, los lectores descubren poco a poco la realidad del lugar. Ari sirve de contrapunto, por tanto, a las voces de aquellas que lo conocen ya muy bien, las mujeres del pueblo, tanto las palilleiras como sus hijas adolescentes. De este modo, asistimos a una historia que está contada con las voces de todas y con un coro de mujeres que habla fuera del tiempo y del espacio. Pero enseguida vamos a descubrir que la Ari que conocemos al principio, se va a transformar en otra. Ella llega al pueblo para recordar, pero todavía no lo sabe. Su hilo tiene un gran poder.

El mar de Camariñas, en la Costa da Morte, es otro protagonista.
Sí y también tiene esta doble dimensión, mítica y cotidiana. Es un espacio con vida propia, una fuerza salvaje y ambivalente, que unas veces todo te lo da y otras, todo te lo quita. Pero es también el mar en el que juegan las niñas, el que sustenta a la comunidad y es, ante todo, una forma de vida. Para mí el mar de Costa da Morte tiene algo especial. Aunque como gallega ya conocía Camariñas, sabía que tenía que volver de otra forma para escribir esta novela. Pasé temporadas documentándome para el libro, leyendo sobre encaje y sobre naufragios, iniciándome en el palillo, haciendo el Camino dos Faros y tomando notas muy plásticas del lugar. Para mí era fundamental estar allí y hacer sentir al lector que también lo está al leer Punto de araña. Trasladarlo a los olores de ese puerto lleno texturas, hacerle sentir la salitre en la piel, el frío...

16 DE FEBRERO EN LIBRERÍAS


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