La prensa dice

2 ene
2011

Reseña de "El pájaro espectador" en el blog Las vacaciones de Holden

El pájaro espectador (Wallace Stegner)

“Seguridad, dice Karen Blixen con desdén. A ella le fastidia oxidarse sin gruñir cuando lo que quiere es relumbrar por el uso. Finge que pensar su vida en palabras, eso que la ha convertido en una figura internacional, tiene menos sustancia que la vida de acción que vivió en otros tiempos. En todo caso, al final volvió a casa. Incluso en ella persisten los ecos de la tortuga y el caracol; acarrea la seguridad sobre sus espaldas. La seguridad es un deseo humano... legítimo -¿no es así?- y el hogar, dice el viejo hombre sabio Robert Frost, es el lugar donde, cuando uno llega, es acogido.” El pájaro espectador Wallace Stegner

Con la salvedad, quizá, de Cicerón, si es que como tal puede ser considerado, nunca he disfrutado de la lectura de los clásicos del estoicismo. De hecho, recuerdo el estudio de Séneca como una de las tareas más pesadas de mis años de estudiante de Filología Clásica. Y ello, pese a que me identifico con buena parte de su ideario; o precisamente por ello, pues, como a la hermana huraña de aquella brillante comedia francesa, tampoco a mí me gustan demasiado las personas que tienen los mismos defectos que yo. Sin embargo, no es poco lo que disfruto leyendo a Wallace Stegner.

Digo “sin embargo” y digo bien, porque no hay duda de que su narrativa es la de un estoico. Para empezar, en El pájaro espectador, novela que aquí me trae hoy, se cita de modo explícito a Marco Aurelio, Epicteto y al propio Cicerón. Para seguir, sus narradores son hombres maduros o ancianos que soportan con más o menos resignación –después de todo, Séneca también fue un viejo con terrible salud de hierro- la herrumbe del propio cuerpo, simple carcasa del alma. Todo muy estoico, sí señor. Pero donde Séneca, Marco Aurelio y Epicteto se me atragantan, Stegner, a un tiempo sombrío y luminoso, intelectual y sincero, severo y sentido, se alza con brillantez.

Puede que no despierte El pájaro espectador, más gótica y europea, las mismas emociones que la vitalista y americana En lugar seguro, pero se halla estrechamente emparentada con ella. Es más, las palabras “en lugar seguro” se repiten como una fórmula homérica a lo largo de toda la novela y uno de sus conflictos motores es la necesaria y difícil elección entre la Felicidad y la Seguridad, muchas veces en sentidos opuestos en la encrucijada de la vida. Como botón de muestra, ahí tienen el brillante párrafo sobre la baronesa Blixen que abre esta entrada, o bien este otro:

“Y me obliga a recordar qué poco cambia la vida: cómo, sin sucesos dramáticos ni resoluciones elevadas, sin tragedias, incluso sin pathos, un hombre razonablemente dotado y razonablemente bienintencionado puede cruzar la gran cocina del mundo de un extremo a otro y llegar hambriento a la puerta trasera.” (ibidem)

Poco más tengo que decir, salvo desearles que, como yo, abran el nuevo año con buenas lecturas y, por supuesto, invitarles a que lean, lean a Wallace Stegner.

Las vacaciones de Holden

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