La prensa dice

6 mar
2011

Reseña de "El pájaro espectador" en Menorca.info

Los recuerdos y el duro arte de envejecer

Por Lluís Vergés

Si hay una literatura llamada juvenil porque trata de las inquietudes de jóvenes y adolescentes también deberíamos admitir la existencia de una literatura senil que trata de las preocupaciones de los viejos o de quienes empiezan a envejecer. Es cierto que toda buena literatura puede ser leída a cualquier edad pero también lo es que en ciertas etapas de la existencia es mejor vivir en la ignorancia de los achaques y manías que, a menudo, esperan al final de una vida.

Con esta improbable y fea etiqueta de narrativa senil podríamos clasificar esta magnífica novela de Wallace Stegner (Lake Mills 1909-1993). El protagonista de “El pájaro espectador”, Joe Allston, es un hombre que acaba de cumplir setenta años y que no puede dejar de lamentar lo que supone hacerse viejo o como dice él, que la vida ha empezado a desmoronarse.

Agente literario jubilado que vive retirado en California junto a su mujer Ruth, Allston se siente como un espectador ya cansado que medita sobre el final de la existencia. Cuando en un museo, la mocita de la entrada le ofrece por primera vez una entrada a mitad de precio por ser de la tercera edad, el hombre recoge el pase con la sensación de que pagar la mitad es muchísimo más caro.

Entre sus pesimistas observaciones sobre el castigo de hacerse mayor nuestro amigo cascarrabias anota que “las lecciones de una vida no nos proporcionan sabiduría sino cicatrices y callosidades”.

Pero “El pájaro espectador” es mucho más que una retahíla de agudas observaciones sobre el paso de la madurez a la senilidad y sobre la inevitable decadencia física. La novela profundiza en otras diversas cuestiones y emociones al dar un salto atrás en el tiempo en el que Joe y Ruth tenían veinte años menos encima y acababan de iniciar un viaje a Dinamarca, la tierra natal de la madre de él. Lo que desencadena este “flash-back” (para llamarlo con un término cinematográfico) es la postal de una vieja amiga que conocieron en su viaje. Joe recupera entonces un diario que escribió en tierras danesas y Ruth le convence de que cada noche le lea un fragmento de esos viejos recuerdos.

En Copenhague se alojaron como pensionistas en casa de una misteriosa aristócrata danesa, Astrid Wredel-Karup, junto a la que realizaron diversas excursiones juntos y con la que llegaron a intimar. Acompañados por ella visitaron a la escritora Karen Blixen que aparece como personaje en la novela. “Dinamarca está llena de capitanes de barco retirados que crían rosas”, dice Blixen a la pareja norteamericana como si fuera una criatura de uno de sus cuentos. La escritora les recuerda que “la maldad, si es que existe, no es fea y llena de verrugas como un sapo. A menudo es más atractiva que lo que la gente llama bondad”.

El fantasma del viaje al país de la Sirenita, desata los recuerdos del pasado de la pareja y de paso nos propone reflexiones sobre los celos y el amor, el peso del castigo social o los límites de la herencia genética. Wallace Steigner ganó con esta novela el National Book Award de Estados Unidos en el año 1976.

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