La prensa dice

20 jul
2010

Maurice Druon, juez y verdugo de una época, por Ernesto Ortega

La fuerza de la gravedad explica que cualquier objeto que soltemos en el aire caerá con una aceleración uniforme. En esta novela Maurice Druon no se limita a dejar caer a las grandes familias aristócratas y financieras que mantuvieron el poder económico y político en Francia hasta bien entrado el siglo XIX. él mismo las precipita al vacío. El impacto es brutal.

La caída de los cuerpos es la continuación de Las grandes familias, obra con la que Maurice Druon consiguió el Premio Goncourt en 1948 -el galardón de mayor prestigio que se concede en Francia a una obra-. Escrita en 1950, tan sólo dos años después de ésta, se trata del segundo volumen de una trilogía que se completa con Cita en los infiernos (1951), que Libros del Asteroide también tiene previsto publicar próximamente.

Una gran labor la que está llevando a cabo esta editorial, centrada en recuperar para los lectores españoles obras emblemáticas del siglo XX que, por un motivo u otro, no fueron traducidas a nuestra lengua o se encuentran descatalogadas. Gracias a ella hemos podido descubrir verdaderas joyas de la literatura universal.

El autor de La caída de los cuerpos, Maurice Druon, no es demasiado conocido en nuestro país. Sin embargo en Francia fue -falleció el año pasado- todo un personaje. Héroe de guerra bajo el mando del General de Gaulle, autor en su juventud de El canto de los partisanos, el famoso himno de la resistencia, diputado, ministro de cultura, secretario perpetuo de la Academia de la Lengua y autor, además, de una extensa obra que incluye ensayos, novelas y piezas teatrales, alcanzó el éxito literario con esta trilogía. éxito que aumentó posteriormente con los 7 volúmenes de la serie Los Reyes Malditos.

En esta segunda parte de Las grandes familias, que se puede leer perfectamente sin conocer la primera, Maurice Druon nos ofrece un retrato costumbrista de la sociedad francesa de entreguerras, de la decadencia de la vieja aristocracia, de la ambición de una nueva clase política nacida en las universidades que está dispuesta a todo por alcanzar el poder, del París embriagado por el prestigio de los artistas y los intelectuales de la época, de las bellas actrices surgidas de las calles y convertidas en estrellas para el público, de la Francia de los cabarets y los castillos, de las cacerías y las borracheras.

Para ello, Maurice Druon nos muestra la vertiginosa caída de las familias La Monnerie y Schoudler, protagonistas de la vida política, económica y social francesa durante las primeras décadas del siglo XX, en contraposición a la metódica ascensión al poder de Simon Lachaume, un hombre sin escrúpulos hecho a sí mismo. Y nos lo cuenta con mucha ironía y sin ninguna piedad, guillotinando cabezas como el más cruel de los revolucionarios franceses. Nadie se salva a la justicia ciega del autor, ningún personaje es mirado con compasión, todos son ridiculizados: el Marqués de La Monnerie, ciego y octogenario, que encerrado en su Castillo de Mauglaives no ve desmoronarle su imperio, el egocéntrico autor y director teatral Wilner, el inepto ministro de finanzas Rosseau; el ridículo capitán De Voos; la pérfida Martha Bonnafeur, en cuyo lecho se han decidido los principales asuntos de estado...

La lista es larga y las relaciones entre los personajes se van tejiendo como una tela de araña en la que todos están atrapados. Sólo se vislumbra un atisbo de esperanza en los nietos todavía adolescentes del banquero Noël Schoudler que, aventuro, se convertirán en protagonistas de la tercera entrega. Durante el texto algunas de las tramas secundarias se van cerrando, al mismo tiempo que se abren otras, de forma que, como en los buenos best-seller el lector siempre tiene ganas de continuar.

Si en el momento de su publicación, apenas 20 años después de la época que narra, con una sociedad francesa recién salida de la segunda guerra mundial y deseosa de saldar cuentas con el pasado, la novela fue todo un éxito, 60 años después de su escritura el texto se sigue sosteniendo y se lee con interés. Maurice Druon entretiene y se entretiene con y en el detalle. Las exquisitas construcciones de los personajes, la precisa ambientación, la prosa trabajada, las minuciosas y cuidadas descripciones, las acertadas elipsis..., hacen que la novela se disfrute de principio a fin y nos permita pasar un rato agradable.

El resultado es un auténtico folletín de ambiciones, odios y rencores, de traiciones y alianzas, que hereda el encanto de las grandes historias del realismo francés del siglo XIX, de Balzac y Flaubert. Una lectura apasionante que se convierte también en un juego de espejos del poder. Sin embargo, Maurice Druon nos lo da todo hecho, no deja margen a la interpretación, no nos permite reflexionar, convirtiéndose en juez y en verdugo. Hoy La caída de los cuerpos estaría más cerca de convertirse en un best-seller que en un clásico de la literatura.

Ámbito Cultural