La prensa dice

30 sep
2009

Masacre en París, por Joan Daniel Bezsonoff

Todos los personajes de Las grandes familias se odian. Con un estilo directo y eficaz, el intelectual francés Maurice Druon, fallecido el pasado abril, retrató la sociedad de entreguerras con una novela que destila negrura. Inicio de una trilogía que seguirá con La caída de los cuerpos y Cita en el infierno, es la historia de Noël Schoudler, un hombre sin escrúpulos que solo quiere aumentar su fortuna.

Una buena selección de fútbol no puede limitarse a un genio como Messi. Necesita también jugadores sólidos como Thierry Henry. Pasa lo mismo con la literatura. La novelística francesa y la inglesa, al lado de Charles Dickens o Marcel Proust, pueden ostentar una galería de escritores de talento. Maurice Druon (París, 1918 -2009), sin llegar a las cimas, era uno de ellos, un pequeño maestro serio que, durante 50 años, ha construido una obra variada e interesante. Las grandes familias pertenece al género de las novelas neoclásicas con una intriga, unos personajes bien caracterizados y unas escenas fuertes.

UNA LECCIóN TERRIBLE / La acción transcurre en París entre las dos guerras mundiales. Noël Schoudler, amigo de los ministros y de los cardenales, posee azucareras y un diario importante. Sin escrúpulos, solo piensa en incrementar los beneficios de sus empresas y la fortuna de la familia. François, su hijo, propone algunas reformas que no aprecia Noël. Decide aleccionar a François que, según él, manifiesta demasiadas prisas para jubilarlo.

La lección será terrible. No quiero desvelar el final. Druon fusila a todos los personajes con una ironía feroz. En este libro todos los personajes se odian. «Su única alegría durante aquel período fue la muerte de su hermanastro el general» mientras su primo se deleita torturándolo moralmente. Con el tono de un polemista, Druon pinta a sus criaturas con metáforas de animales. «Un viejo buitre desplumado» que explica sus sueños eróticos horas antes de irse al otro barrio...

Comparado con Druon, las novelas más negras de Balzac suenan como un himno optimista a la vida, un tedeum a la bondad humana... Nadie se escapa de esta negrura. Solo, la ternura de Noël Schoudler por sus nietos ilumina frágilmente el relato. Como buen novelista clásico, Druon sabe animar los personajes y describir la decadencia de un protagonista con pocas palabras.

CON UN ARTESANADO SERIO / El estilo es directo, eficaz, sin lirismo pero sin estridencias. Cada imagen se justifica. Sin ser un gran libro, Las grandes familias, novela premiada con el premio Goncourt en el año 1948, se inscribe en una tradición muy francesa (parece que se haya perdido cuando uno lee las novelas publicadas actualmente en París...) del artesanado serio y del trabajo bien hecho. Druon no quería revolucionar el mundo ni salvar el planeta. Solo pretendía entretener al lector con ficciones de calidad.

Si el lector busca una novela de rentrée bien escrita, agradable y sin complicaciones inútiles se lo pasará bien. El lector más exigente se girará directamente hacia Miklós Bánffy o Els jugadors de whist, de Vicenç Pagès.

El Periódico