La prensa dice

19 abr
2008

La bendición, por Miguel Sánchez-Ostiz

El mundo de Nancy Mitford (1904-1973) está hecho de mucha delicadeza, sí, pero también de una educación familiar o social a la que no puede renunciar del todo, formada por prejuicios de casta, de clase o meramente culturales, que resultan de una necedad fabulosa, y que tienen una contrapartida: la ironía, el humor feroz a veces, con que Mitford los denuncia, al margen de las tramas novelescas que haya urdido. ¿Denuncia? No, no es esa la palabra, retrato sería más adecuado, aunque el cuadro resultante, la conversation piece, resulte grotesca. La bendición (1951) colaboró eficazmente a esa irresistible atracción novelesca de la clase alta que vive en casas de campo donde, como dice Nancy Mitford con sorna, "hacen cosas de lo más peculiares, y sobre la que se crea casi un género literario.

Grace no es un personaje del todo desconocido para quien haya leído otras novelas de la autora ya traducidas al castellano. Grace es una aristócrata inglesa que huye de la vida social de su clase casándose con un imaginativo aristócrata francés, gran coleccionista de antigüedades, con el que, en tiempo de guerra, tiene un hijo, y qué hijo: el solitario y maquiavélico Sigi.Una vez concluida la la Guerra Mundial, Grace se reencuentra con su marido y la familia al completo, se van a vivir a la Provenza y luego a París, como lo hizo la propia autora..., luego sería destripar la novela. Convencional, demasiado convencional incluso, salvo que la lectura detenida del relato nos regala escenas que no hubiese desdeñado Wodehouse, de una ironía demoledora y de una tristeza que a duras penas logra enmascarar una frustración personal que da alas al relato.

En las páginas de Nancy Mitford, detrás de las burlas, las trepidancias, la mucha vida de salón, las gansadas y las gotas de vitriolo, hay un dolor cierto, un sentimiento oscuro de frustración vital, de los que es demasiado fácil decir que hay que buscar las raíces en su propia vida.

ABCD