La prensa dice

20 nov
2010

Crónica de una América brillante y oscura tras la Gran Depresión, por Gabriel Insausti

El momento, aquella América que ha dejado atrás la Depresión y se dispone a celebrar su victoria, mientras en las gramolas no deja de sonar la música de Glenn Miller. El lugar, una Albany donde es fácil hacer dinero ordeñando a las madamas y sacando tajada del negocio del alcohol. El paisaje, una microsociedad de la corrupción endémica, sistemática y cuantos esdrújulos quiera uno añadir.

En ese escenario, el suicidio de Elisha, preboste del partido demócrata y propietario de prostíbulos, conmociona las estructuras de poder de la ciudad, con su retahíla de personajes: su viuda Veronica, personificación de la elegancia en la alta sociedad local; la hermana de ésta, Pamela, niña mimada de un mundo de cócteles y pistas de tenis, cuyo hijo Gilvy sólo se salvó del aborto al ser acogido por su tía; Roy Flinn, dueño del Sentinel, periódico en el que se ventila la miseria que ocultan los pretenciosos porches coloniales; su hermana Arlene, monja sin un ápice de duda en su vocación... En medio de todos ellos, Roscoe Conway, amigo de Elisha, ex marido de Pamela, devoto enamorado de Veronica y abogado partidario del chanchullo como estrategia habitual. Alguien a quien todo el mundo debe algo y que se encargará de administrar el legado de Elisha.

Como en la novela de Lampedusa, se trata de cambiarlo todo para que nada cambie. Porque Roscoe -la última entrega de un largo ciclo sobre Albany- es en gran medida una novela decimonónica, armada con recursos de la narrativa más tradicional, y que bebe de la idea stendhaliana del espejo a lo largo del camino, así como de la epopeya moderna de Balzac. Eso sí, bajo ese caparazón tienen cabida pasajes en los que se desliza la corriente de conciencia, preludios oníricos de estirpe surrealista, arranques de un humor hirsuto, episodios de impasibilidad narrativa ante el horror que nos revelan que Kennedy, junto con su oficio periodístico, tiene aprendida la lección de las vanguardias. Crónica de un mundo brillante y oscuro al mismo tiempo, narrado con el vigor que da la tradición oral de la que bebe su autor para contarnos su propia genealogía. Esto es América, y la frontera que separa el tycoon del gánster es difusa.

La Gaceta