La prensa dice

12 nov
2011

Reseña de "Las crónicas de la señorita Hempel" en Babelia

Las crónicas de la señorita Hempel

Por Francisco Solano

[Para leer esta reseña en Babelia, haz clic aquí.]

El personaje de la señorita Hempel, como el tono general de la novela que sobre ella ha escrito la norteamericana Sarah Shun-len Bynum (Houston, 1972), ha de suscitar en el lector un efecto yo diría de absolución. Bynum ha sabido componer el retrato, y algo más, en grises cálidos, de una profesora que con pertinaz atolondramiento aspira a ser una buena maestra, aunque sus dotes intelectuales son más bien escasas. La profesora aplica una técnica pedagógica basada no en una eficaz transmisión del saber, sino en el mejor modo de hacerse querer por sus alumnos, lo que no la impide algunos momentos de lucidez sobre la enseñanza; por ejemplo, darse cuenta de que es un método de extorsión: "Te pasabas la vida intentando sacar a tus alumnos una serie de cosas que ellos te negaban a darte: su atención, su trabajo, su confianza". Ella enseña literatura, según el sistema imperante de su colegio privado, a través de "panfletos religiosos, manuales de etiqueta, manifiestos marinos, diatribas y anuncios por palabras". También, de vez cuando, utiliza obras célebres, pero le alarma que la literatura sea "lúgubre y deprimente", aunque le consuela que la ficción no sea tan imitable y que sea improbable que "alguno de sus alumnos acabara tirado en una isla desierta o trabajando de temporero en una granja siniestra en medio de la nada".

Muchos de los trazos de este retrato de profesora sobre fondo bullicioso se empastan con las preocupaciones de la señorita Hempel sobre lo que es o no es apropiado debatir en clase. En su afán de transmitir veracidad, se muestra muy transparente con sus alumnos, hablándoles de su vida privada. Aunque no es mucho lo que puede transmitir. Ella hubiera deseado tener una buena ristra de novios y varios maridos y convertirse en una "ciudadana del mundo culta y polifacética", y lo que había logrado era ser una profesora bastante insensata, "cuya capacidad para la enseñanza era dudosa", fascinada por las palabras malsonantes y la televisión por cable, simplemente porque de niña tenía prohibida las dos cosas. Bynum posee una delicada perspicacia para la comprensión de la vulgaridad, además de un eficaz talento literario que mantiene al lector en un estado de simpatía. Un don no demasiado común, algo así como una mezcla de Salinger y Carson McCullers. Las crónicas de la señorita Hempel, sobre todo en los capítulos centrales, parece haberse obligado a desarrollar el ámbito familiar de la profesora, y algunas circunstancias, como la relación con su hermano Calvin, se diría añadida por imposición de taller de escritura. Pero es un aspecto menor que apenas desentona. El primer capítulo, ’Talento’ y el último, ’Encontronazo’, son verdaderas obras de ingeniería narrativa. Bynum, por lo demás, es ácida sin dejar de ser piadosa, lo que le permite aunar brillantez y sentido común, como en esta observación de las alumnas: "Qué chicas, con sólo trece años tenían algo de aves rapaces, pero su tierno corazón ya mostraba una propensión hacia los seres torturados, melancólicos, rebeldes".

El País - Babelia