Título Autor
Phillip Lopate, Brooklyn (Nueva York), 1964; por Philipp Engel

Lopate es un escritor todoterreno con más de una quincena de títulos colgados a la venta en Amazon que todavía no había sido traducido a nuestro idioma. Ni las antologías en las que figura como editor, ni los clásicos por los que se le tiene como el apóstol y el guardián de una larga tradición que halla su origen en Montaigne: la del ensayo en primera persona. Una vertiente subjetiva que Lopate también cultiva en términos cinematográficos desde que, hace ya 44 años,
asistió a la primera edición del Festival de Nueva York en la que vio películas como "El sirviente" (Joseph Lose, 1963), un título perturbador que, por sí solo, ya puede desatar toda una vida de pasión por el cine. Lopate, habitual en revistas como Film Comment, fue noticia hará poco más de un año con la publicación de "American movie critics: From the silents until now", antología a su cuidado que defiende la crítica cinematográfica como una rama noble de la literatura
remontando hasta "El nacimiento de una nación" (D.W. Griffith, l9l5), estreno elogiado por la poetisa Vachel Lindsay en el texto pionero que marca la primera aproximación seria a un cine ya considerado como una de lás bellas artes. Lopate, judío hiperactivo que creció en un barrio negro y se licenció en Columbia -Universidad en. la que ahora profesa-, no llega a nuestras librerías ni como crítico, ni como ensayista, ni como poeta. Lo hace por la puerta grande con una de sus dos únicas novelas. "El mercader de alfombras" (1987), rescatada del olvido por el fino olfato de
nuestro amigo del Asteroide. Sin duda, una de esas grandes novelas americanas ante las que solemos caer de rodillas en esta columna.
De su debut en la ficción. "Confessions ofa summer", sólo sabemos lo que nos cuenta por mail: El protagonista era una versión disfrazada de mí mismo y trataba sobre el triangulo amoroso formado por dos buenos amigos y la novia de uno de ellos. Leí en alguna parte que se trataba de la primera novela que utiliza ba Nueva York como un personaje, y sin duda el que Io escribió tenía razón porque, para ser sincero, Ias digresiones sobre la c¡udad son lo mejor de la novela. Pese a lo que les pueda sugerir su título y aunque trate de un hombre que ha decidido dejar pasar la
vida mientras se lame las heridas en el fondo de una tienda, "El mercader de alfombras" tampoco podría haberse desarrollado en btro lugar que Manhattan. Por otro lado, los 23 años que Lopate tardó en 'rehacer su vida', según analiza en uno de sus famosos ensayos ("Bachelorhood"), también nos hacen pensar que hay mucho del escritor en Cyrus lraní, el comerciante de orígenes parejos a su apellido que opta por esconderse del mundo hasta que las circunstancias le obligan a cambiar de tácticas. Lopate lo reconoce sin problemas, precisando que su aislacionismo funcionó mientras duró. Es mejor cuando puedes enfrentarte a la vida, pero creo que las personas que han sido
profundamente heridas también tienen derecho a aislarse. Cyrus se aísla hasta que cambia su suerte. Hasta el momento, ha podido huir de las responsabilidades, disfrutar de su libertad, aunque por otro lado, inevitablemente, se siente solo.
Finalmente, aunque Lopate no la ha leído, no podemos más que recordar otra de las joyas recuperadas por Libros del Asteroide -"Los inquilinos de Moonbloom", de Edward Lewis Wallant- con la que "El mercader de alfombras" guarda poderosas correspondencias. Como Moonbloom, lraníes otro personaje pusilánime perdido en la geografía ernocional de la Gran Manzana, ambos se desenvuelven con la misma cómica torpeza ante los desafíos de la existencia. Son dos almas gemelas que tal vez no hayan armado demasiado escándalo en la historia de la literatura, pero forman un díptico tan involuntario como exquisito que hará las delicias de aquellos lectores que
todavía no saben cómo diablos se resiste en esto de la vida.

Publicado en "Go Mag" el 01/03/2007
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