David Malouf, el autor de Una vida imaginaria (1978), la aclamada recreación biográfica del poeta Ovidio, comparte con Peter Carey el honor de ser el buque insignia de la narrativa australiana contemporánea, y esta traducción de El gran mundo (1990) es la prueba definitiva de que la virtud de su ficción radica en haber elegido lo mejor de la prosa naturalista refusando, en cambio, la pedantería omnisciente de sus narradores al uso. Novela épica de prisioneros de guerra, prefiere el drama psicológico personal y el lado humano de la tragedia que el reportaje del horror que eligió, por ejemplo, J. G. Ballard, en su mítica novela El imperio del sol: Malouf teje su relato combinando planos temporales distintos, a la manera del modernism, del que toma asimismo el estilo indirecto libre y una suerte de prosa poética que se vale de imágenes y de efectos introspectivos sumamente tentadores a la hora de narrar la vida de Digger Keen y de Vic Curran, dos soldados australianos que traban amistad en el infierno de un campo de prisioneros de guerra japonés, durante la II Guerra Mundial, en el que se dan actitudes que al lector le recordarán páginas de Si esto es un hombre de Primo Levi, de la mente del soldado Septimus Warren Smith de La señora Dalloway de Virginia Woolf, de la atmósfera tensa pero la prosa aséptica de los relatos de Carver, en las páginas más domésticas de la novela, y del universo picaresco de Mark Twain. El gran mundo quiere ser una novela épica, cuando en realidad acaba siendo una novela lírica, pretende la condición de novela histórica, por cuanto se obliga a describir la Australia del XX, desde la I Guerra Mundial a las bonanzas económicas, pero se muestra como crónica familiar, como reportaje de guerra novelado al estilo del new journalism, como autobiografía colectiva y como retrato psicológico de la Australia contemporánea, una novela transgenérica, ambiciosa y exquisita, perteneciente todavía a un tiempo en que los personajes de novela tienen dignidad, y no son más que meros fantoches de trapo manipulados por el autor con un palo de madera. |