Cada vez que oigo decir que España es un gran país, me pregunto cómo es posible que lo haya sido –o que lo siga siendo– si casi nadie sabe aún quién es Manuel Chaves Nogales. El mejor libro español sobre nuestra guerra civil es sin duda A sangre y fuego, escrito por Chaves Nogales en 1937, pero el libro se tuvo que publicar en Chile y no fue reeditado en España hasta 1994, y aun así en una edición para especialistas que apenas llegó al gran público. Hagan la prueba y pregúntenle a uno de nuestros especialistas en Memoria Histórica –disciplina que en la España actual debe de tener más expertos que aficionados a las carreras de motos– si ha oído hablar de A sangre y fuego, y es muy probable que el especialista no conozca ese libro, y lo que es peor, que aun sabiendo de su existencia, no tenga ninguna intención de leerlo, porque sabe que ese libro contradice sus principios inamovibles.
Y más aún, en un país en el que se editan setenta mil libros al año, tuvimos que tardar 60 años en reeditar El maestro Juan Martínez que estaba allí, también escrito por Chaves Nogales en 1934. Todo el mundo cree que fue Truman Capote quien se inventó ese género mixto que se suele llamar faction, o “novela de no ficción”, pero en realidad lo había inventado Chaves Nogales treinta años antes. Y como ocurre con los buenos libros de ese género, nunca sabemos qué es lo verdadero y qué es lo inventado, aunque estoy seguro de que, si alguien investigara un poco, descubriría que lo falso es lo que nos parece más verosímil y más creíble; y al revés, que lo verdadero es lo que nos parece más fantasioso. Así es ese género que mezcla invención y hechos probados y que podríamos llamar faction. Así era Chaves Nogales.
Chaves Nogales (1897-1944) se las arregló para estar siempre en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Estuvo en la Rusia soviética cuando Stalin acababa de llegar al poder; estuvo en el París de los exiliados rusos; estuvo entrevistando a Joseph Goebbels en la Alemania nazi y fue fichado por la Gestapo; estuvo en el cortijo donde el torero Juan Belmonte le contó su vida; estuvo en el Madrid sitiado por las tropas franquistas; estuvo en París cuando se acercaban las columnas blindadas de Hitler, y al final de su vida estuvo en Londres, trabajando para la BBC y soñando con una victoria de los aliados en la II Guerra Mundial. Fue en Londres donde murió, en 1944, de una peritonitis mal curada por exceso de trabajo y desatención médica. Si repasamos bien la historia del reporterismo español del siglo XX, Chaves Nogales debería ser uno de los nombres imprescindibles que todo el mundo tendría que conocer. Pero a pesar de todo esto, estuvo olvidado durante el franquismo y durante los primeros veinte años de la democracia. ¿Cómo es posible? Por una razón muy sencilla: porque Chaves Nogales se definía como un liberal pequeño-burgués que odiaba por igual el fascismo y el comunismo. Y como es natural en un país tan dogmático como el nuestro, el nombre de Chaves Nogales cayó en el más interesado de los olvidos.
Ahora Libros del Asteroide acaba de reeditar otro de los grandes libros de Chaves Nogales. Se llama La agonía de Francia y es un libro que produce una sensación muy incómoda. El lector sabe que está leyendo unos hechos que ocurrieron hace casi setenta años, pero al mismo tiempo tiene la sensación de que está leyendo algo que está ocurriendo delante de sus narices. La agonía de Francia cuenta cómo fue posible que un país civilizado y orgulloso se dejara derrotar casi sin disparar un tiro por los nazis en 1940. Chaves Nogales describe el egoísmo, la pasividad y el entreguismo cobarde de una población que prefirió caer en manos de un Estado totalitario antes de permitir que las molestias de la guerra alteraran la agradable rutina del vermut del mediodía o el trayecto de los tranvías. Pero si nos fijamos bien, la cínica parálisis de la población francesa de 1940, así como la fascinación totalitaria que sentían sus intelectuales y el clamoroso sonambulismo de su clase política, no se diferencian mucho de la parálisis que vivimos en la Europa actual, en la que todo el mundo prefiere dejarse llevar por el autoengaño y el sonambulismo político. Lean La agonía de Francia y verán cómo muchos de los personajes que aparecen en ese libro nos recuerdan de una forma inquietante a docenas de personajes que salen todos los días en la televisión. |