Aunque sus más impacientes lectores lo conocían ya gracias a la apoteósica edición de María Isabel Cintas (Diputación de Sevilla), aquellos cuatro enormes volúmenes de las obras completas imploraban a gritos ediciones más baratas y manejables de cada título. Eso es lo que viene haciendo el sello Libros del Asteroide que acaba de publicar La agonía de Francia con un prólogo estupendo de Xavier Pericay.
Manuel Chaves Nogales es uno de los mejores escritores españoles del siglo XX, aunque perfectamente desconocido, porque tuvo el capricho de no ser totalitario. De haberse humillado ante la burocracia estalinista, ahora le estarían dedicando plazas. Y de haber galleado con los fascistas, ya las tendría. Como era esa cosa tan rara en España, un demócrata con ideas propias, nadie le ha hecho el menor caso hasta que hace una década comenzó la recuperación.
Tras dejar testimonio de la catástrofe de la República, sin mentir sobre la irresponsabilidad de los políticos republicanos, continuó su carrera de periodista en Francia. Allí, asistió al hundimiento de otra república, esta vez por la cobardía de las naciones europeas, incapaces de plantar cara a Adolf Hitler.
La crónica de esa debacle es uno de los mejores reportajes que se han escrito sobre la caída de París. La libertad ideológica de Chaves le permitió dar una descarnada visión del corrupto mundo político francés, tan arrogante como inepto, de una espeluznante actualidad entre nosotros. Cuando por fin llegaron los bárbaros, a nadie le importó demasiado. Desde el primer mes, los invasores tenían cola de franceses para denunciar a los judíos cuyos negocios o riquezas codiciaban.
El gran Chaves murió joven, sin haber cumplido los 50, en la Inglaterra que luchaba contra el nazismo. De habérsele concedido una vida normal, habríamos podido admirar algo inusitado en España: un intelectual sin vasallaje de partido. Como dice Pericay: "No se me ocurren más nombres, para acompañar el de Chaves, que los de George Orwell y Albert Camus". Ni a mí tampoco. |