02. La prensa dice

7 jun
2007

Nancy y las otras Mitford, por Carlos Zanón

Una dieta de francés y equitación da lugar a Stella Tennant. Eso, dos guerras mundiales y algún que otro detallito más. Porque si la top model es un elemento, las cinco tías abuelas eran de vértigo.

El Viejo Orden se extinguía. Las hordas democráticas venían con el triste rasero que ya conocemos. Era el fin del viajero y la bienvenida del turista. El ocaso de las rentas rurales. El advenimiento de lo funcional, lo moderno, lo rápido. Y ante lo inevitable cabían dos opciones. Recluirte en el castillo y de tanto en tanto ir a cazar algún pobre zorro. O bien, ir en busca del mundo a darle una buena tunda.

Las seis hijas de Lord Mitford optaron por esta última opción. Como una docena de yeguas desbocadas salieron disparadas hacia el desastre. Eligieron siempre rápido y mal. Acabaron locas o ricas o despistadas. Ahora, eso sí, aquello fue divertido, intenso, extravagante, disparatado. En definitiva, muy británico.

Repasemos a las tías abuelas de Stella. Hermosas, modernas por fuera y tradicionales por dentro. Descendientes todas ellas de una aristocracia rural, de mohín presto y autoridad endogámica. Quizás así las entendamos un poco. Porque Unity, de segundo nombre Valkyrie, fue la Presidenta de Club de Fans de Adolf. Se le hacía la encontradiza en cafeterías berlinesas. Una groupie sin sexo que se pegó un tiro cuando Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania. No se mató pero se quedó un poco idiota. Aún más. Diana también era filomalos pero en plan casero. Les perdía ese afán de sustituir la autoridad racial por la clasista. Casó bien la primera vez. Pero le abandonó para liarse con Oswald Mosley, lider de los fascistas británicos. Pamela y Deborah fueron lo que debieron ser. Perros, caballos y tacitas de té. Jessica acabó dando trabajo en su despacho como abogada a Hillary Clinton. Antes fue amante de primo brigadista, comunista yanqui, periodista y defensora de los derechos humanos. Y luego estaba Nancy.

Ella sí que sacó provecho a la biblioteca familiar. Su estilo deslumbró a la Brideshead Generation entre otras cosas porque surgía de un modo innato. Esa mezcla de ingenio, ironía y narcisismo excéntrico los volvía locos. Evelyn Waugh que sugirió el título de su primer best seller ’A la caza del amor’ la admiraba (in)sanamente. Nancy daba rango literario a la cháchara de toilette. O si se prefiere, hacía del costumbrismo un talentoso canto del cisne. Eso sí, abocando a sus protagonistas a lo vital como único esencial en esto de estar vivo.

Ambas novelas del excelente catálogo de Libros del Asteroide reportaron fama y dinero a la autora. Autobiográficas -en especial ’A la caza del amor’-, irónicas pero por encima de todo, deliciosas, estas novelas han superado la prueba del tiempo literario. La familia y una narradora, Fanny, son los protagonistas de sus páginas. Los Radlett, que no dejan de ser trasuntos de los Miltford en la primera. Los Hampton en ’Amor en clima frío’ conducen la secuela. Ambas no dejan de ser un manual de Cómo Enamorarse Mal y Elegir Peor. Pero también son mucho más que eso. Algo que va dirigido a la universalidad y no sólo a los admiradores de la novela costumbrista inglesa. La galería de personajes es inolvidable. Las escenas se suceden y tú no puedes dejar de leer. Parte de la culpa la tiene la prosa de Nancy Mitford. Porque te coge de la mano y te lleva a patinar sobre una superficie de hielo limpio y claro. Es divertida y mordaz pero con un poso especial. El de alguien que, como los Blade Runner, han visto mundos que ya no existen y que con ellos morirán. La frivolidad no deja de ser un estilete y una armadura contra lo más vulgar de la vida. Están todos ustedes invitados a este baile. No se lo pierdan. Las Mitford esperan.

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