La prensa dice

22 abr
2006

Viaje al espanto, por Miguel Sánchez-Ostiz

Cuando la historia de la represión de la dictadura militar argentina, salvo para las víctimas, claro, está prácticamente olvidada (por ocultada), aparece en escena esta Memoria del miedo, del periodista angloargentino Andrew Graham-Yooll, en un documento en el que importa más el fondo del asunto que el estilo: las secuelas de la represión cifradas en miles de desaparecidos, asesinados, torturados ante la casi total indiferencia de la llamada, no sé con qué fundamento, «comunidad internacional» y el aterrorizado silencio de una amplia mayoría de la ciudadanía. Aquélla fue una barbarie minuciosamente organizada, planeada al detalle, con una impunidad casi total que todavía hace saltar a las primeras planas la noticia de la captura de criminales escondidos en nuestro país; pero que empuja al público (pues de público se trata) a mirar para otra parte cuando de la tortura se habla o del arrojar vivas a personas sedadas al mar.

Andrew Graham-Yooll relata con una rara crudeza algunas de las historias de las que, de una manera o de otra, fue testigo en su calidad de periodista del Buenos Aires Herald, durante los primeros meses de la dictadura militar, antes de verse obligado a exilarse en Inglaterra y formar parte de éxodo brutal de expatriados no siempre bien acogidos en los países donde encontraron refugio.

La enfermedad del miedo.

Pero lo que diferencia el libro testimonial de Graham-Yooll de otros es que, más que el recuento de episodios sobrecogedores (que los tiene), de una brutalidad sin límites, que se sucedían hace ya treinta años en toda la Argentina, retrata con eficacia el estado generalizado de una sociedad que acaba enfermando de miedo: miedo a padecer, miedo a hablar, a testimoniar, a las consecuencias; miedo del propio autor a contarlo todo, a dar los nombres. Y detrás del miedo, el olvido interesado, el derrotismo, el encogimiento de hombros, la complicidad con los verdugos.

Última infamia.

Un libro como éste habla también de la calidad de su editor. Lo digo porque dudo de su oportunidad comercial -no corren buenos tiempos para denuncias incómodas-, mientras que salta a la vista el coraje intelectual de quien lleva a cabo la tarea de publicar un libro que, provocando el desasosiego de los lectores, contribuye a poner obstáculos a que esa última infamia se produzca: el olvido. No se trata de libros oportunos comercialmente, sino de libros necesarios, auténticos memoriales de un tiempo de infamia. Y es que Memoria del miedo es un libro tan importante, de tal fuerza moral, que hasta es capaz de conmocionar a periodistas expertos en la injuria y la difamación impunes escondidas detrás del anonimato.

ABC