La prensa dice

24 feb
2007

Retratos de la vieja Inglaterra, por Rocío Colomer

A la caza del amor, de Nancy Mitford, revisa los usos y costumbres de la Europa del periodo de entreguerras

Conocer a Nancy Mitford leyendo A la caza del amor es como haber asistido a un pase rápido (por la voracidad de la lectura) de su propia vida. Los Mitford fueron una familia numerosa de la Vieja Inglaterra donde, a pesar de la estricta educación, lasmujeres desempeñaron un rol que aún hoy escandalizaría. Es quizás ese poso de realidad de sus narraciones junto con las enormes cualidades expresivas del lenguaje que utiliza, lo que hace de las novelas de Mitford grandes obras.

Las palabras de Mitford fluyen como lo hace la vida, ágil y fresca, amomentos; y áspera y pesada, en otros. Su arquitectura narrativa evita los excesos, las florituras y apuesta por un lenguaje esencialmente oral y pulido.

En A la caza del amor, Nancy Mitford construye el personaje de Linda como un reflejo más o menos fiel de sí misma. Escribe en tercera persona, para alejarse y dar más credibilidad al texto, aunque mantiene un tono familiar propio de la historia narrada. Fanny, su supuesta prima, es la conductora de la novela. Ella es quien mejor conoce a Linda. En ocasiones, puede parecer una obra de análisis interior, de repaso de la propia existencia.

Tio Matthew es Lord Resdedale; Lord Merlind representa esa amistad más íntima, sofisticada y culta, no sin ciertos rasgos de frivolidad, y viene a ser un reflejo individual de sus amigos de Oxford. O la figura de Fabrice de Sauvaterre, que aunque se inspira sin engaños en Gaston Palewski, cambiándole, no obstante, la nacionalidad -polaco por francés-, es en la historia de amor que les une donde se concentran las mayores dosis de fantasía. Sí es cierto que Palewski fue un gran seductor, secretario general de De Gaulle, como también lo es que el profundo amor que Nancy sintió por él (hay quien dice que fue el gran amor de su vida) no fue correspondido.

Aunque a primera vista el título pueda recordar a esas novelas rosa chicle de escasa calidad literaria, la verdad no puede estar más alejada. Es, sobre todo, una obra inteligente. Episodios memorables como el de la discusión de Tía Emiliy, tutora de Fanny, y Tío Matthew sobre la educación de los hijos evidencian los prejuicios de una sociedad que hubiese querido congelar el tiempo. También la ambientación en el periodo de entreguerras es particularmente interesante en los tiempos convulsos en los que vivimos. Sean cuales sean las circunstancias que nos rodean, el hombre sigue sin querer renunciar a la experiencia del amor verdadero.

A la caza del amor es uno de esos títulos que uno se congelaría en la memoria para no olvidarse de recomendar a aquéllos con los que comparte esta pasión tan agradecida: la lectura. Es, sencillamente, deliciosa.

Diari de Tarragona