La prensa dice

3 sep
2011

Reseña de "Una temporada para silbar" en Babelia

Una temporada para silbar

Por Fernando Castanedo

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A Ivan Doig (Estados Unidos, 1939) le precede su fama de escritor regionalista. No en vano sus novelas están ambientadas en el paisaje de las Montañas Rocosas, las praderas del alto Misuri y el clima extremo de su Montana natal. También en Una temporada para silbar el Oeste americano de vientos gélidos y tormentas de nieve condiciona sustancialmente las vidas de unos personajes que viven del campo. Paul Milliron, el narrador y protagonista, es un inspector de Educación Primaria a quien las autoridades encargan el cierre de las pequeñas escuelas rurales del Estado de Montana. Este brete traerá consigo los recuerdos de su propia educación en una de aquellas escuelas y el relato de lo sucedido durante el curso 1909-1910, cuando él contaba trece años. Poco después de la muerte de su madre, el padre de Paul contrató por correspondencia a un ama de llaves, Rose, para llevar la casa. La sorprendente llegada de ésta con su hermano Morrie desde la lejana y sofisticada Minneapolis surtirá de intrigas la novela, aunque no será la única fuente de conflictos. Entre todas ellas, sin embargo, destaca la que surge cuando el pueblo decide contratar al hermano de Rose como nuevo profesor de la escuela (la maestra se ha fugado con un predicador). El descubrimiento de la verdad sobre Morrie hará que Paul se inicie en la realidad del mundo, como conviene en una novela de iniciación. Pero antes de llegar allí Doig nos habrá hecho gozar apropiándose de la gran tradición de las novelas de aventuras estadounidenses, en la estela de Mark Twain, y sin olvidarse en el camino de la tradición moral norteamericana de atribuir a la naturaleza bondades insospechadas, en la vena de Thoreau. No sólo la disfrutarán los jóvenes.

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