La prensa dice

22 mar
2012

Reseña de "Un mundo aparte" en La Razón

Infierno gulag

Por Ángeles López

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Cuando sólo contaba 20 años, Herling-Grudzinski era un conocido periodista llamado a alcanzar un merecido lugar en la elite literaria... Pero la Alemania nazi invadió su país desde el Oeste y la Unión Soviética desde el Este, por lo que miles de polacos intentaron escapar por la frontera húngara, rumana y lituana. Entre ellos, el escritor. Pero no tuvo suerte. Arrestado, fue condenado por espionaje y deportado a un campo de concentración cerca de Arjánguelsk, en los confines del Norte. Durante dos años vivió en barracones calentándose los pies con jirones de tela y engullendo gachas y caldurrios. Quizá logró sobrevivir, tras vender sus «misteriosas» botas a un capataz, a cambio de un trabajo menos duro.

El efecto del hambre

Pero la mayor parte del libro es poco egocéntrica y se centra en las experiencias de los otros: el hombre que se echaba agua hirviendo para librarse de trabajar en el frío bosque, las mujeres que se vendían por migajas de pan o los devastadores efectos del hambre. También aborda los de la propaganda en la mentalidad, tanto de guardas como de prisioneros. Con una prosa sencilla pero lacerante, expresa un profundo pesimismo y a la vez un conmovedor optimismo sobre la capacidad humana para escorar la muerte huyendo del sermón, el rencor o el desdén. En 1951 se publicó en Inglaterra –prologado por Bertrand Rusell– y en una editorial polaca clandestina, pero el «establishment» francés, sujeto al dominio de la izquierda, sostenía que los relatos de los campos de concentración eran calumnias. Pero vio la luz «Archipiélago Gulag» y cayó el muro de la ciudad de las luces. Después llegaría Shalámov, el más incisivo autor de los campos de trabajo.

«Un mundo aparte» es infinitamente más bello, terrible y, a un tiempo, esperanzador que los «Relatos de Kolymá» y que el mismísimo «Archipiélago Gulag», y en él conocemos de primera mano el «genocidio de clase» inaugurado por Lenin –auténtico padre de los campos según Volkogónov– y que adquirió tintes monstruosos con Stalin, aunque sin desdeñar que fue Trotsky quien propuso su creación, como afirma Donald Rayfield.

Sobre el autor: Fundó una de las primeras organizaciones de la resistencia polaca

Ideal para...: ayudar a comprender la durísima realidad de uno de los 476 campos de concentración soviéticos

Un defecto: Llega con retraso pese a una edición en los noventa

Una virtud: Su fuerza, verdad y descarnada belleza

Puntuación: 9

La Razón