La prensa dice

22 ago
2016

Reseña de "Un amor que destruye ciudades" de Eileen Chang en The Cult

Por Caty León

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Noventa páginas ocupa esta nouvelle que tiene un título potente y proviene de una autora con gran prestigio en China, su país, pero muy poco conocida en Occidente. El resto de la edición lo ocupa una segunda pieza narrativa: “Bloqueados” de apenas trece páginas.

Hablamos del texto principal, Un amor que destruye ciudades, esa historia a caballo entre la sentimentalidad y la crítica social, que quizá no se entendería suficientemente sin conocer la personalidad y la biografía de su autora, Eileen Chang (1920-1995), una mujer culta que se exilió en 1955 en Estados Unidos, país en el que murió sin haber vuelto a China.

Chang era una mujer culta, que había estudiado en la Universidad y su difícil vida familiar no consiguió opacar su creatividad ni ocultar su talento. La historia que cuenta está ambientada en la China de los años cuarenta y en la ciudad de Shanghai, en cuya universidad ella cursó Literatura.

El centro de la acción lo protagoniza una familia de corte muy tradicional, como lo eran la mayoría en esos momentos. En la familia la principal preocupación es casar bien a las hijas solteras y se ve con muy malos ojos el divorcio. Precisamente Liusu, joven y bella, una de las hijas, se ha divorciado y por ello todos criticarán que un rico heredero como Fan Liuyuan, destinado a casarse con alguna de las chicas casaderas, se enamore de Liusu.

De este arranque inicial deviene el desarrollo del libro, mezclándose las claves sentimentales, emocionales diríamos, con el trasfondo de una sociedad que no admitía variaciones en sus principios básicos y que tenía a la mujer como un adorno principal pero sin opinión ni ideas propias. Es un momento político muy difícil, en el que tiene lugar la invasión japonesa, pero, conscientemente, Chang elige hablar de las vidas cotidianas, de las cosas que importan de verdad a la gente, en lugar de dedicarse a los avatares públicos.

Es verdad que la crítica está patente, resulta palpable, pero no de una forma abrupta, sino delicada, encuadrada en la trama familiar y amorosa. Lo más agradable del libro es la forma en la que se cuentan las cosas, en la que se describen los ambientes, en la que se trazan los rasgos de las emociones que los personajes sienten. Un aire exótico sobrevuela el lenguaje, un dibujo a lápiz con rasgos suaves, pero firmes. El cimbreo que sufre la familia cuando se subvierten los valores que ella misma ha aceptado, resultado comprensible en un momento de cambio como ese.

Las mujeres ofrecen sus dos caras: la aceptación y la rebeldía. Algunas se muestran sumisas a su destino y otras luchan por vivir de otra manera, haciéndole caso a lo que sienten, más allá de responder a lo que se espera de ellas. Esta dicotomía resulta fundamental en el relato. La guerra aparece en el texto de una forma circunstancial. Justamente el día antes de estallar, Liusu se ha convertido en amante de Fan Liuyuan.

Los razonamientos que la muchacha hace para encontrar mucho más apetecible ser amante que esposa son dignos de ser tenidos en cuenta. Su independencia, su falta de obligaciones de representación, el hecho de no tener hijos, todo eso se le antoja básico para tener una existencia digna y llena de posibilidades. Aunque, sin poderlo evitar, se hace la pregunta de en qué empleará el tiempo, qué hará con las horas que pasen sin poderlo evitar, sin la ligereza que la vida en familia determina.

Es hermosísima la forma literaria en la que Liusu razona que es mejor la soledad que la vida hacinada con gente a la que no considera y que la han tenido secuestrada desde niña. Esa necesidad de ser libre, de vivir una vida elegida y no impuesta, es el elemento central de los sentimientos de la joven, mucho más incluso que el amor que pueda sentir por su amante. Porque, al final, concluye que lo que ella necesita es tener seguridad económica y que los deseos amorosos bien pueden situarse en la trastienda. Un pensamiento harto práctico pero inevitable en tiempos como aquellos en los que ser divorciada era una carga para la familia. Y, contra lo que podía suponerse, el libro tiene un final feliz. Porque hay cosas que no pueden dejar de suceder, por mucho que una se niegue a la evidencia. Ese final feliz tiene una clave. Que no voy a desvelar aquí.

Sinopsis

Un amor que destruye ciudades está ambientada en la China de los años cuarenta: los Bai, una familia tradicional de Shanghai, buscan pretendiente para una de sus hijas solteras. Cuando la señora Xu les presente a un rico heredero, Fan Liuyuan, este se quedará prendado de otra de las hermanas: la joven y bella divorciada Liusu, quien ante la animadversión de sus hermanos decide instalarse en Hong Kong y alejarse del yugo familiar.

Eileen Chang es una de las grandes escritoras chinas del siglo xx, sus narraciones reflejan los sentimientos y aspiraciones de una clase media emergente en una época en que los valores estaban cambiando de manera vertiginosa. Pese a la inestabilidad política del tiempo en que escribió y ambientó sus historias, su autora diría de ellas: «Solo quiero escribir sobre las cosas triviales que suceden entre hombres y mujeres; no hay guerra ni revolución en mi obra porque creo que cuando las personas se enamoran, son más inocentes y están más desamparadas que cuando luchan en guerras y revoluciones». El presente volumen, el primero de la autora que se traduce al español, recoge dos de las piezas más representativas de su producción narrativa: la novela corta Un amor que destruye ciudades y el relato "Bloqueados".

Eileen Chang nació en el seno de una familia de clase alta de Shanghai. Su madre fue una mujer moderna educada en Inglaterra; su padre, un adicto al opio de ideas tradicionales. El matrimonio terminó en divorcio y Eileen quedaría bajo la custodia de su padre, hasta que los maltratos a los que este la sometía la obligaron a irse a vivir con su madre. Tras la invasión japonesa de Hong Kong en 1941, en cuya universidad estudiaba literatura, volvió a la también ocupada Shanghai, donde empezó a publicar en revistas los cuentos y nouvelles que la convirtieron en una famosa escritora.

En 1944 se casó con Hu Lancheng, un político que colaboraba con los japoneses y del que se divorciaría tres años después.

La llegada de los comunistas al poder la llevaría a Estados Unidos en 1955, donde moriría cuarenta años más tarde sin haber vuelto nunca a China. Durante sus años en EE. UU., Chang dio clases en distintas universidades y continuó escribiendo ensayos, narrativa y guiones para películas rodadas en Hong Kong. Aunque su popularidad se mantuvo viva en Taiwán y en Hong Kong, durante el régimen comunista sus libros quedaron relegados en la China continental por motivos políticos. En los años noventa, coincidiendo con la apertura del régimen y el ascenso de una pujante clase media, su obra fue redescubierta con gran éxito.

Entre sus libros destacan las novelas cortas La jaula dorada (1943, germen de una novela posterior que publicaría en inglés en 1967: The Rouge of the North, La rosa roja y la rosa blanca (1945), Un amor que destruye ciudades (1947) y Deseo, peligro (1975, llevada al cine por Ang Lee en 2007).

Caty León - The Cult