La prensa dice

17 jun
2016

Reseña de "Un amor que destruye ciudades" de Eileen Chang en El Cultural (El Mundo)

Por Manuel Hidalgo

Para leer esta reseña en El Cultural (El Mundo), haz clic aquí

Eileen Chang: deseo y peligro

Hasta ahora los lectores españoles no habíamos tenido ocasión de leer una novela de Eileen Chang (1920-1995) en castellano, pero habíamos podido acceder a su narrativa con la mediación del cine. Deseo, peligro, la excelente película de Ang Lee, premiada en 2007 con el León de Oro de la Mostra de Venecia, está basada en la novela homónima de Chang publicada en 1975 en Estados Unidos, donde la escritora china vivió desde 1955 hasta su muerte.

Libros del Asteroide edita ahora Un amor que destruye ciudades (1943), con traducción de Anne-Hélène Suárez y Qu Xianghong, novela breve que tiene algunos puntos de conexión con Deseo, peligro: la época (principios de los años 40), Shanghai, la guerra chino-japonesa, la incertidumbre de una pasión… El deseo y el peligro son dos ingredientes centrales en Un amor que destruye ciudades.

Pero también hay notables diferencias. La pareja que protagoniza la novela que leemos no está directamente implicada en la violencia y el crimen y, sobre todo, en Un amor que destruye ciudades, la pasión sexual de los amantes no ocupa el primer término ni se desata de forma explícita. Al contrario, el amor y el deseo que, con dificultad, se abren paso no se materializan sexualmente con prontitud. Lo que cuenta magistralmente Chang -siempre elegante y sutil- es una tensión sexual no resuelta, sometida a prevenciones y cautelas, aplazada y aplazada en su resolución y omitida en su culminación.

Shanghai y Hong Kong son los escenarios del romance entre la bella y joven divorciada Liusu y el atractivo y millonario soltero Fan Liuyuan. Ambos se conocen en Shanghai, en la primera parte del relato, en el que la escritora pone el acento en las ancestrales reglas y costumbres familiares y sociales chinas que sofocan la libertad de las mujeres.

Huyendo de esa opresión, Liusu prosigue su incipiente relación con Liuyuan en la más cosmopolita y abierta Hong Kong. No obstante, la joven no está libre de la educación recibida y pospone ceder a los requerimientos de Liuyuan, no sólo porque está en juego su posición y su prestigio como mujer (siempre según la formación recibida), sino también porque duda de las verdaderas intenciones de su enamorado. Esta situación crea una perdurable atmósfera de inquietud, de inseguridad ante la evolución de la historia, de pelea interior (en el caso de Liusu) y de dudas, escrutinios y estratagemas que constituyen el punto fuerte del relato, sumido en un ambiente de creciente sensualidad y erotismo en el que el amor habrá de mostrar sus cartas verdaderas. O falsas, ya veremos, mientras de improviso, tal vez como metáfora, se abate sobre la ciudad el fuego de la guerra.

Novela novelesca, pues (y valga la expresión), de filiación romántica en esa vacilación entre el amor posible y el imposible, que mira de reojo (aunque no de frente) la irrupción del melodrama y que va construyéndose y captando al lector sin recurrir a los grandes gestos y trazos, sino a los pequeños movimientos del alma de sus protagonistas, una mujer y un hombre que no están libres de cálculos, egoísmos, argucias y pequeñas miserias morales. Al lector cinéfilo le resultará difícil no ayudarse en la lectura con imágenes, sonidos, colores y tiempos procedentes del cine de Wong Kar-Wai y, en concreto, de una película como Deseando amar.

Al borde del desenlace, Liusu y Liuyuan se dicen, aludiendo a su cercano pasado, lo siguiente: “En ese momento estábamos demasiado ocupados en enamorarnos, ¿cómo íbamos a tener tiempo para querernos de verdad?”.

Tiempo de enamorarse, tiempo de quererse. ¿Tiempos distintos, sucesivos, incompatibles? Ya lo ven, pese a sus calidades evidentes, la novela de Eileen Chang no queda lejos de las cavilaciones de la literatura popular.

Manuel Hidalgo - El Cultural (El Mundo)