La prensa dice

Reseña de "Todo lo que una tarde murió con las bicicletas" en Heraldo de Aragón

Alicia lejos de las maravillas

Por Sonia Fides

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«¿Cuántos gestos hemos aprendido en la televisión? ¿Cuántas expresiones?», dice

Darlo todo por supuesto me ha traído hasta aquí, la casilla de salida». Y gracias a este retorno, los lectores de Llucia Ramis (Palma de Mallorca, 1975) podemos sentirnos satisfechos. Pletóricos incluso al haber podido sentarnos frente a ese ejercicio de olvido literario, excelso y regenerante, que ha hecho la autora. Lejos queda ese afán trasgresor y casi suicida que supuso ‘Egosurfing’. En esta novela, todo es distinto, todo está lejos de lo que fue la autora en otros tiempos, ahora sí que Llucia Ramis nos encomienda la custodia de una historia imprescindible en la que la verdad de la historia real es lo que menos importa. Una novela en la que resulta superfluo si existen los personajes o son sólo migajas de un puñado de personajes reales. Y es que Llucia Ramis ha creado una verdad superlativa independientemente de que la realidad que construye sea mentira. En este diario que la autora se apresura a desvincular de su auténtica biografía parece haber lugar única y exclusivamente para personajes que tienen algo que decir, personajes que serían capaces de destruir el brillo de una ciudad y de una época si cometieran la imprudencia de permanecer callados. Por eso Llucia Ramis, les hace hablar y construye unos diálogos brillantes, límpidos, pegajosos como esa sal que alimenta la carne de los niños que se irán haciendo hombres y mujeres a través de estas páginas. No es fácil mezclar la sabiduría con la ignorancia a la que nos aboca siempre el fracaso, y sin embargo la autora lo hace pero no para poner en ridículo al que no encuentra las respuestas. Enfrenta a quien está cerca de la muerte con quien está repleto de vida para poner de manifiesto que no somos esos seres excepcionales que los pequeños triunfos no hacen pensar que somos: «¿Cuántos gestos hemos aprendido en la televisión? ¿Cuántas expresiones? ¿Sabríamos besar, follar, si no lo hubiéramos visto hacer antes?». Pero situémonos antes de seguir narrando las glorias de esta historia construida sobre un verso del gran poeta Pere Gimferrer y hablemos de lo que cuenta esta novela. La historia de una Alicia a la que se le acaba atragantando ese país de las maravillas que había resultado la primera mitad de la treintena y que tiene que volver a casa y sostener sobre su cuerpo las ruinas de esa habitación propia en la que ya casi no cabe y que le devuelve la realidad a tamaño natural en la que todo son golpes contra las paredes cada mañanas más intratables y rigidas. Cuando comienza esta aventura, aparece como aparecen los ejércitos que pierden las guerra, cautiva y desarmada, pero a través de la memoria, de los encuentros y desencuentros familiares será capaz de volver a la realidad para construir un atípico pero eficaz himno generacional sin estribillo ramplón. Los combates entre la protagonista, una figurada Llucia si seguimos las instrucciones de la autora al comienzo de este diario de agua y sal, y su abuela son una ‘masterclass’ de ingenio y humor, una concatenación de cuadros que podría estar colgados en los museos más prestigiosos del mundo. Existe, por ejemplo, el abigarramiento colorista de Pollock o también la geometría en apariencia cargante de Rhotko, pero cada ráfaga de luz u oscuridad está en su sitio. Perdonen que no me sorprenda y déjenme que les diga que no es fácil plantarle cara a lo que la genética hace con nosotros, a cómo nos vapulea y nos reinicia cuando más vivos creemos estar, sin embargo Llucia Ramis lo hace y no se deja deslumbrar por la nostalgia, que va, lo que hace es coger a la memoria entre las manos y construir una deslumbrante salida de emergencia. No dejen de leerla, las páginas 129 y 130 levantarían de su tumba al mismísimo Bukowski. Perdonen que no les adelante nada, pero es el secreto más apetecible del libro.

Sólo una pega, o quizás un desafortunado error de esta ecléctica lectora, Llucia Ramis deja que de manera puntualísima algunos de sus adjetivos se presenten ante nosotros como ropa ajada que cae sobre la piel de quien lee sin conseguir ningún efecto, como prendas pasadas de moda que destrozan la impecable armonía de esta historia: « Las nubes deshilachadas se reflejan en un mar afónico» / «El rumor lúgubre de las tórtolas» / «Su insistencia sin descanso se convertirá en el susurro incansable de la locura». Con pros y contras, no dejen de leer este diario figurado de memoria y vida que se sostiene sobre l os versos de un poeta (Gimferrer) y las certezas del gran Josep Pla .

Heraldo de Aragón