La prensa dice

1 abr
2012

Reseña de "Todo" en la revista Mercurio

Asuntos del corazón

Por Ricardo Menéndez Salmón

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El corazón humano es el protagonista absoluto de Todo. Porque Todo es, antes que nada, una novela sobre el amor en sus múltiples facetas: el amor entre padres e hijos, el amor entre hombres y mujeres, el amor entre amigos. La novela de Kevin Canty resplandece por su sencillez; es decir, por esa rara sensación de verdad que unos pocos textos nos regalan. Su prosa es tan diáfana como compleja es la red de sentimientos que los distintos caracteres de la obra tejen en su peripecia. Unos personajes, memorables todos ellos, sean jóvenes o adultos, mujeres u hombres, que constituyen el mayor capital de esta novela dura y a la vez compasiva, y que hacen pensar en lo que Jane Smiley, refiriéndose a la característica principal del arte de novelar, ha llamado “simpatía liberal”; esto es, la capacidad de la ficción para saltar en unas pocas líneas de una mentalidad a otra, de una sensibilidad a otra, al objeto de negar cualquier visión maniquea de la existencia.

Salvo que se pueda considerar la posibilidad de reinventarse una especie de triunfo, no existen ecuaciones resueltas en Todo. La vida es lo suficientemente extraña, confusa y feroz para prevenirnos al respecto. Ecologistas radicales, pequeños propietarios, artistas atrapados en farsas familiares o mujeres inesperadamente ricas, todos y todas transitan por Todo a la búsqueda de un sentido, un sentido que se obstina en permanecer oculto, pero que no por ello resulta menos decisivo. La patria de las segundas (o de las primeras) oportunidades tiene siempre millones de aspirantes a cruzar sus fronteras. Cosa distinta es que a todos les esté permitido el paso. Canty, que en este sentido a lo peor podría ser calificado de optimista, decide conceder a sus personajes este billete de ingreso. No hay ganadores ni perdedores en esta novela. Hay gente que sufre y apuesta. Basta con la apuesta, parece decir Canty, para merecer nuestro respeto.

Pensemos, si no, en RL, personaje central de la obra que reúne en sus difíciles circunstancias (padre de una veinteañera embarazada, divorciado de una hippie confusa, jefe de un joven con ilusiones artísticas, consuelo de dos mujeres atenazadas la una por la nostalgia del marido muerto y la otra por la perspectiva aterradora de la enfermedad) la condición de sujeto patético y a la vez heroico, que se gana nuestra piedad y nuestra admiración, y que desde su soledad de hombre que penetra en el declive de la edad física, se obstina, a veces con sobriedad, casi siempre con cierto empeño suicida, en evitar el derrumbe mientras aún le queda tiempo para tender manos a su alrededor.

Si RL encarna alguna verdad, quizá no sea otra que la de una bondad vulgar pero a la vez trascendental, la de un hombre corriente pero con un corazón en su pecho, capaz de cortejar a una vieja novia para que no muera sola y abandonada, aunque sepa que la perspectiva de resucitar las antiguas pasiones es tan compleja como la de salvar a alguien cuando en realidad este no lo desea. Amparo, pues, de una pequeña comunidad de desilusionados, él mismo decepcionado por la edad, por las rutinas y por los deméritos contraídos, RL sobrevive en nuestro ánimo, una vez acabada la novela, como un hombre virtuoso precisamente por sus defectos, por su confianza en que la felicidad es un asunto serio y el bienestar de los demás una lucha digna.

Asuntos todos ellos —la felicidad, la dignidad, la probidad— que hacen de la lectura de Todo un placer estético y, por qué no decirlo, una aventura ética.

Revista Mercurio