La prensa dice

13 nov
2015

Reseña de "Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York" de Gail Parent en El Mundo

Por Laura Fernández

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¿Y si ’El lamento de Portnoy’ lo hubiese escrito una mujer?

"Es mañana. Anoche fue mi despedida de la vida y quiero que sepas que he dormido muy bien. Extremadamente bien, gracias. Nada de quedarme tumbada y despierta preguntándome si estoy haciendo lo correcto. En realidad, sólo tengo dos cosas de las que preocuparme ahora: la vida después de la muerte y la reencarnación. Si existe la reencarnación y tengo otra vida, Dios, por favor, prefiero ser una rana que una soltera otra vez., ¿Y si acabo en el infierno? No estará tan mal comparado con Manhattan. Seguramente ahí abajo habrá un montón de solteras en la sección suicidios". La que habla, mejor dicho, la que escribe, es Sheila Levine. Sheila Levine tiene 30 años y vive en Nueva York. También está muerta, pero nadie lo sabe aún. Sheila ha reservado una parcela en el cementerio familiar (doble, porque no las fabrican para solteros), ha comprado una lápida, un ataúd, ropa interior de la buena (ropa interior como la que usaba Kate, su compañera de piso actriz), un vestido carísimo (que su madre va a odiar) y hasta una peluca. Una peluca rubia, claro (que su madre va a odiar aún más que su vestido). Libros del Asteroide acaba de recuperar un clásico de los 70: Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York, de Gail Parent, lo más parecido a El lamento de Portnoy, el clásico de Philip Roth, en versión femenina que se ha escrito jamás.

Mucho después de la Lily Bart y la Undine Spragg de Edith Wharton, de la Caroline ’Sister Carrie’ Meeber de Theodore Dreiser, de la Marjorie ’Morningstar’ Morngenstern de Herman Wouk y de la Holly Golightly de Truman Caope; pero bastante antes de la Isadora Zelda White Stollerman Wing de Erica Jong, de la Emma Gennaro de Wilton Barnhardt, de la Bridget Jones de Helen Fielding, de la Carrie Bradshaw de Candace Bushnell, y de la Hanna Helene Horvath de Lena Dunham, "estuvo, está y estará la Sheila Levine de Gail Parent", sentencia Rodrigo Fresán en el apasionante prólogo a la edición española de la novela, una comedia descacharrante, que tuvo versión cinematográfica (después de todo, Parent ha sido, sobre todo, guionista): una película, del mismo título, que se estrenó en 1975 (tres años después de que se publicara la novela) y dirigió Sidney J. Furie y protagonizó Jeannie Berlin.

Parent (nueva York, 1940), que empezó escribiendo y vendiendo chistes por cinco dólares a comediantes de clubs nocturnos, "se formó y deformó en el mundo de la televisión", contribuyendo a reinventar el concepto de ’sitcom’ tal y como hoy lo conocemos. "Parent era el ácido ingenio detrás de los sketches de ’The Carol Burnett Show’, así como el motor loco de ese fenómeno de culto que fue Mary Hartman, Mary Hartman (demencial y muy anticipada parodia de las telenovelas), y de Las Chicas de Oro", recuerda Fresán. De hecho, la novela se fraguó a lo largo de año y medio en los ’backstages’ y camerinos de carol Burnett, y puede leerse como un "impecable e implacable monólogo ’stand-up’ pero acostado, a la espera de que los demasiados somníferos hagan efecto, y armado en sucesivas y brillantes ’set-pieces’ temáticas/circunstanciales, arrancando ya con un gran gag: ’Me voy a suicidar. ¿QUIÉN QUIERE VIVIR EN UN MUNDO EN EL QUE UN HOMBRE MIENTE SOBRE LAS CALORÍAS?’", advierte el escritor.

Entre esas ’set-pieces’ temático-circunstanciales figuran: 1) La búsqueda de apartamento (o colección de cubículos ’vendidos’ por arpías que se tienen por agentes inmobiliarias); 2) La fiesta de Halloween (la única fiesta que Sheila organiza en su primer apartamento compartido y a la que no dejan de llegar chicos que no saben que hacer porque se aburren hasta que de repente empieza la invasión de chicas); 3) Europa (el viaje que su mejor amiga, Linda, la rompecorazones, y ella hacen a Londres, París y Roma: quieren quedarse a vivir en todas partes, Linda acompañada, Sheila sola) y 4) La boda (no la boda de Sheila, por supuesto, sino la de su hermana, el horror máximo para la protagonista). ¿Y su comparación con El lamento de Porntoy? Es evidente desde la primera línea, la propia Parent no puede evitar mencionarlo directamente: "Muchos chicos judíos, como Portnoy", dice Sheila, la protagonista, también judía, por supuesto, "crecieron en una relación de amor-odio con sus madres judías, por lo que juraron casarse con chicas no judías. Así que resulto poco atractiva desde un punto de vista étnico. Las chicas rubias de pecho plano están de moda; las judías, polacas e italianas, no".

Muchos fueron, de hecho, los críticos, en su momento, que propusieron a Sheila Levine como antídoto al personaje protagonista de El lamento de Portnoy de Philip Roth. Se trató de vender a Sheila como "una protesta contra los estereotipos de lo femenino manejados por los escritores judíos en lo que respecta a las mujeres de su raza". Parent, sin embargo, se desentendió del asunto: "Lo único que me interesaba", aseguró, "era contar lo que sucedía en un momento en que las mujeres estaban bajo mucha presión pero, al mismo tiempo, también se divertían mucho". A Parent no le preocupó en ningún momento que su novela no fuese asimilada como artefacto canónico a estudiar en universidades. "Puesta a elegir, prefiero esto de seguir recibiendo cartas de fans de Sheila más de 40 años después de que se publicara la novela", sentenció.

Por Laura Fernández - El Mundo