La prensa dice

Reseña de "Mátalos suavemente" en el suplemento Babelia de El País

MÁTALOS SUAVEMENTE

Por Diego A. Manrique

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HAY QUE AGRADECER efusivamente la publicación de este clásico de la novela negra. El mercado español parece copado por los autores escandinavos y por esos recientes thrillers estadounidenses descaradamente inverosímiles, mientras títulos fundamentales del género continúan inéditos. Cierto que la salida de Mátalos suavemente ha sido facilitada por el estreno de una película basada en el libro; se toma incluso el título de la versión cinematográfica (el original era Cogan’s Trade, El oficio de Cogan).No importa, son productos muy diferentes. De hecho, cabe imaginar que el puntilloso autor (1939-1999) se hubiera indignado al ver a su Cogan (Brad Pitt) moviéndose por Nueva Orleans: sus libros retratan específicamente el milieu de Boston. De su etapa como fiscal en Massachusetts, Higgins extrajo un conocimiento minucioso de la dinámica del hampa y, sobre todo, un prodigioso dominio del lenguaje local. Higgins revolucionó la estética de la novela criminal con su estreno, Los amigos de Eddie Coyle (1970), también traducida por Libros del Asteroide, los diálogos eclipsaban la acción; policías y delincuentes se definían por sus parlamentos. Ambos bandos parecían compartir un deleite, quizás derivado de su común origen irlandés, en contar su vida; pensaban en voz alta, amaban la pirotecnia verbal. En Mátalos suavemente (1974), prácticamente no hay policías. Los bajos fondos están cambiando; hay maleantes que usan drogas duras o que se dedican a negocios tan pintorescos como robar perros. Se ha perdido el respeto: dos pringados roban una partida de póquer, incomodando a demasiada gente. El crimen organizado decide dar un escarmiento y contata a un ejecutor, Jackie Cogan. Higgins altema los afanes de los perseguidos y la investigación de Cogan, lastrado por la presencia de Miteh, un mafioso de la vieja escuela, más interesadó por pasárselo bien que por cumplir el encargo. Moraleja: la veteranía es un grado, pero la profesionalidad impone nuevas reglas. La gran duda: la jerga de las novelas de Higgins ¿era realista o pura invención literaria? Sí, sabemos que; como ocurrió con Mario Puzo y la saga del Padrino los policías y ladrones de Boston devoraron sus libros y terminaron hablando como sus personajes.

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