La prensa dice

Reseña de "Los amigos de Eddie Coyle" en La Opinión de Málaga

El vulgar hampa de Boston

Por José Luis G. Gómez

[Para leer la reseña en La Opinión de Málaga, descárgate el pdf.]

Que las aceras de la aristocrática Boston pueden estar tan sucias y ser tan peligrosas como las de cualquier otra gran ciudad estadounidense es algo que Dennis Lehane nos recuerda en sus novelas, esas que tanto gustan ahora en Hollywood. También nos lo hizo saber Robert B. Parker a través de las aventuras de su simpático Spenser, ese detective seductor y cachas, digno miembro de la estirpe de los Marlowe y los Archer de toda la vida. Pero antes que todos ellos estuvo George V. Higgins (1939-1999), al que casi nadie recuerda, pero de quien Libros del Asteroide recupera Los amigos de Eddie Coyle, una de esas obras injustamente olvidadas por nuestros editores y que la actual marea negra ha depositado sin ruido en nuestras librerías.

Higgins fue un fisscal yperiodista que terminó reconvertido en novelista de larga carrera, pero cuyo hito y cota inalcanzable fue su debut literario en 1970, este Los amigos de Eddie Coyle, obra de enorme valía y suerte de brújula para la renovación del género negro, según revela Lehane en el prólogo de la edición de Libros del Asteroide. Y tras leerla se entiende que este relato de los hampones del Boston de finales de los sesenta sea una obra influyente para tantos indagadores de las malas calles, de George Pelecanos a Quentin Tarantino. Aquí los diálogos lo son todo. Casi no hay descripciones, apenas las justas, quizá menos de las necesarias, pero lo que dicen estos tipos de caras desdibujadas está lleno de vida, tanto si planean un golpe como si se quejan amargamente de que la lotería nunca les toca o de que sus mujeres sólo abren la boca para quejarse.

Un mundo sin ganadores, ese es el Boston criminal que Higgins muestra en estas páginas, todas ellas marcadas por la tragedia de la derrota cotidiana, sin épica, donde el crimen es una forma de vida y su lucha nada más que una profesión, jamás una cruzada. El mayor mérito de esta novela no es otro que su verismo, tanto por los diálogos, su tesoro, como por la actitud de los personajes, de esos que respiran, aunque aquí más bien jadean. No es ésta una novela de contenido moral, tampoco una de alambicadas aventuras, Los amigos de Eddie Coyle, titulo irónico de un libro en el que nadie es amigo de nadie, relata con naturalidad los trapicheos vulgares de unos matones de mala muerte, sus traiciones y sus pequeñas vidas, nada más, pero no es poco. Por favor, si la leen, pongan en su mente el rostro y las maneras de Robert Mitchum al cansado Eddie, tal y como ocurrió en su versióncinematográfica, la también olvidada El confidente (Peter Yates, 1973). Coyle nunca ha tenido suerte entre nosotros, ojalá eso haya cambiado.

La Opinión de Málaga