La prensa dice

Reseña de "Las crónicas de la señorita Hempel" en La Opinión de Málaga

La maestra cortazariana

Por Guillermo Busutil

[Para leer esta reseña en La Opinión de Málaga, descárgate el pdf adjunto.]

La figura del maestro ha dado mucho juego en la literatura. Su vida nómada, la vocación, el rol social que desempeñó en el mundo rural -en la época en la que su sueldo apenas les alcanzaba para sobrevivir-, el vínculo con sus alumnos y el determinante influjo en la formación de sus identidades y mundos, son aspectos plasmados en numerosas novelas y cuentos entre los que cabe recordar La lengua de las mariposas de Manuel Rivas o el excelente personaje de la maestra de uno de los relatos de Obabakoak de Bernardo Atxaga. También el cine ha dejado piezas maestras como la célebre película El Club de los poetas muertos dirigida por Peter Weir y con Robin Williams como el protagonista profesor de literatura. Estos ecos encuentran generalmente la simpatía de los lectores porque en la vida de todos siempre hay la sombra, el recuerdo, de un maestro, de una profesora, que fue algo más que una figura docente y que dejó una marcada huella en la memoria. Y aunque en esta época su figura esté olvidada por el descrédito de la enseñanza y la pérdida de los referentes de la educación, los maestros continúan ejerciendo atractivo para los escritores.

Uno de los últimos libros que vuelve a centrar la historia en esta figura es Las crónicas de la Señorita Hempel, de Sarah Shun-lien Bynum (Houston 1972), publicado por Libros del Asteroide. Una historia fresca y con aires de comedia con la que su autora demuestra sus habilidades literarias y una mirada tierna, desenfadada y lúcida, para construir un largo relato que engloba la evolución de una persona, una historia familiar y las ilusiones de todo docente cuando comienza su labor y se enfrenta a unos alumnos con los que debe establecer una nítida frontera entre el afecto y la autoridad. La protagonista es la joven Beatrice Hempel que aspira a ser una buena maestra, capaz de saber sacar a la superficie lo mejor de cada alumno e intentar trasmitirles los conocimientos de la Historia y de la Literatura que imparte, haciéndose querer también por los estudiantes a los que apenas supera en edad. Este ideal utópico, como dejar entrever en algunos capítulos, es desmembrado en la novela con la curiosa visión que tiene la maestra de la guerra civil norteamericana, con las explicaciones que hace de la literatura utilizando anuncios por palabras, manifiestos marinos y volandas religiosas, con las difíciles preguntas que le hacen los alumnos en materia sexual, con los efectos que le producen evaluar las faltas de ortografía y con las diversas dudas que se le despiertan acerca de su vocación y del desempeño de su labor docente. Un trabajo en ocasiones arduo e idealista y en otras cómico, como cuando elabora exámenes tipo test que le permitan corregirlos mientras ve la televisión. Temas que se entremezcla con las evocaciones que la señorita Hempel hace de su infancia, de sus juegos con su hermano Davis, la añoranza hacia la figura del padre, realizada con una emotiva ternura, o con los pensamientos diarios y a veces surrealistas que la asaltan como el de qué pasaría si tropezase con un trozo de hielo en el camino habitual a la escuela. Quizá sea esta parte la que mejor ilustra el espíritu de la novela y el talento con el que Sarah Shun-lien Bynum ha radiografiado el alma y el corazón de una maestra que empieza, que debe bregar con sus alumnos, saber transmitir conocimientos y enseñar emociones, a través de un oficio que exige una gran dosis de ilusión, resistencia y convertir lo diario, lo humano y lo anecdótico en material con el que trabajar su propia vida y la vida incipiente de sus alumnos. Todo ello hacen que Las crónicas de la señorita Hempel sea una deliciosa novela para maestros, padres y alumnos, y sobre todo un divertido relato cargado de reflexiones bajo el humor y desenfado con el que este personaje cortazariano divierte y conmueve al lector.

La Opinión de Málaga