La prensa dice

23 mar
2011

Reseña de "La trilogía transilvana" en El Occidental

La caída del imperio autro-húngaro

Por Wolfgang Vogt

En un artículo anterior comentamos el primer tomo de la trilogía Transilvana "Los días contados" (1934) del narrador húngaro Miklos Banffy. En este libro de más de 600 páginas, se describe la vida de la nobleza húngara al principio del siglo XX. Igual que Marcel Proust, Banffy es un autor minucioso y de largo aliento, quien sabe pintarnos un bello cuadro de la vida decadentista en el imperio austro-húngaro hasta 1914. Ya desde el segundo tomo de la antología "Los días contados", el novelista hace vislumbrar al lector la catástrofe de la Primera Guerra Mundial que acaba con los tronos de Viena y Berlín y termina así con este mundo feliz que describe Stefan Zweig en su conocida obra "El mundo de ayer". La Primera Guerra Mundial acaba con un largo periodo de paz y prosperidad que duró más de cuarenta años. La monarquía austro-húngara se derrumba, porque están en decadencia y descomposición. Su clase dirigente, incapaz de reformar a una sociedad corrupta, se distrae con grandes fiestas y cacerías y mezquinas intrigas políticas. A nadie le importa la modernización del Ejército que no está preparado para una guerra.

Balint Abády, el protagonista principal de la trilogía, se siente angustiado por los continuos conflictos bélicos en los Balcanes. Los eslavos del sur, sobre todo los serbios, no aprueban la anexión de Bosnia de 1908 que llevan a cabo las tropas del imperio austro-húngaro. Grandes potencias como Rusia, Francia y Gran Bretaña quieren impedir que el Kaiser de Viena y su aliado alemán aumenten su poder. Así, Rusia apoya a su aliado serbio en el verano de 1914, cuando tropas austriacas atacan al pequeño país eslavo, porque nacionalistas serbios asesinaron al archiduque Francisco Fernando, sucesor del trono de Viena. Así se enfrentan Austria y Alemania a Rusia, Francia y Gran Bretaña. Al final de la última novela de su trilogía "El reino dividido" (1940), Miklos Banffy nos describe como la población húngara saluda la guerra con gran entusiasmo. Los jóvenes quieren salir de sus casas para buscar aventuras en el mundo y cubrirse de gloria.

Lo que ocurre en Hungría pasa en todo el mundo occidental. Banffy ya no describe la catástrofe en que termina la guerra y que se conoce muy bien. Los húngaros igual que los austriacos son uno de los pueblos más castigados, porque pierden mucho más de la mitad de su territorio nacional.

La trilogía nos ofrece un desfile de personajes curiosos que en su mayoría son nobles. Se trata de una clase dirigente que pierde su tiempo en diversiones caras y es incapaz de actuar con responsabilidad. A pesar de sus defectos, estos nobles decadentes despiertan ciertas simpatías como seres humanos en el lector. Tienen mucho humor y saben apreciar las cosas bellas de la vida. Banffy describe con gran maestría los bellos paisajes montañosos de Transilvania y la hermosura de sus mujeres que corresponde al ideal de la belleza de la época.

Así describe a Adrienne, el gran amor de Balint, como una princesa oriental, cuando aparece en una fiesta, donde ya la están esperando muchos admiradores. Nos dice que en la cabeza erguida de esta mujer llena de joyas "lucia una corona de oro propia de las reinas manchúes." Sus rasgos físicos los describe de la siguiente manera:

"Con carbón se había pintado las pestañas y las cejas dándoles formas achinadas. Con el pelo negro, la tez marfileña y pálida que no se sonrojaba y esos salvajes labios carmesíes parecía su visión del Lejano Oriente, un hada misteriosa recién llegada desde su pagoda..." Más adelante nos dice el autor que la piel de Adrienne es "pulida como el mármol"

Vemos que en la literatura húngara finisecular encontramos los mismos ideales de belleza que en el modernismo hispanoamericano de Rubén Darío. Las mujeres son pálidas y sus brazos son blancos como el mármol, porque nunca están expuestas al sol. Adrienne a pesar de tener una hija "parecía una virgen y el brillo de deseo en los ojos de los hombres la ofendía." Adrienne tiene el cuello delgado y como todas las bellas mujeres de su época, tiene un cuerpo frágil. En la literatura decadentista también es frecuente el tema de la debilidad mental. El marido de Adrienne, un loco quien heredo su enfermedad mental de su padre, la tortura de manera cruel. Banffy describe detalladamente los síntomas de la locura y el tratamiento que se le da al enfermo quien termina sus días en una clínica psiquiatra. Es médico, igual que Sigmund Freud, había estudiado en París con Charcot, el psiquiatra más famoso de su generación. Gracias al médico Arthur Schnitzter, colega de Freud en Viena, las enfermedades mentales se convierten en un tema importante de la literatura de lengua alemana. También en la novela "De sobremesa" del modernista colombiano José Asunción Silva, la psiquiatría tiene un lugar central.

También el amor imposible y la amada ausente, un tema esencial en la literatura decadentista, ocupa un espacio importante en la trilogía. Adrienne y Bálint quieren casarse, pero primero el marido loco y después una hija enferma impiden la realización de este deseo. Laszlo, el primo de Bálint quiere casarse con Klara, pero el matrimonio no se realiza, porque sus padres le habían escogido un novio de más categoría social. Debido a su fracaso Lászlo se dedica a la vida bohemia y se muere joven, pobre y borracho. Las convenciones sociales de la "Belle Epoque" son rígidas y dejan poco espacio a los sentimientos personales. Bálint es un hombre afortunado por su posición social, su riqueza y su aspecto físico bonito, pero nunca logra casarse con Adrienne, la mujer que más quiere en la vida. Desesperado rechaza al estallar la guerra un nombramiento en la alta administración militar en Viena y decide luchar y morir como oficial en el frente. Considera que su vida igual que la política del imperio austro-húngaro ha sido un fracaso. El mundo finisecular que tanto favoreció a Balint, se está hundiendo. Fue un mundo decadentista podrido y a la vez mágico que despertó muchas añoranzas en generaciones futura. Por eso la lectura de la "Trilogía de Transilvania" de más de mil 500 páginas no cansa nunca, sino causa un gran placer.

El Occidental

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