La prensa dice

25 nov
2011

Reseña de la Trilogía Transilvana en El Confidencial

Trilogía transilvana

Por María Tricado - Librería Ontanilla (Madrid)

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La recreación de la vida de un aristócrata húngaro, Balint Abady, en la Hungría transilvana de principios del siglo XX realizada por Miklos Banffy (1873-1950) es absolutamente magistral. Una extensa novela en tres volúmenes con unos títulos tremendamente significativos: Los días contados, Las almas juzgadas y El reino dividido, que se comenzaron a publicar en España en 2009 coincidiendo con la recuperación a nivel internacional de esta obra, escrita en la década de los treinta, pero absolutamente olvidada y despreciada por el yugo soviético bajo el que cayeron tanto Rumanía como Hungría al término de la II Guerra Mundial.

Precisamente ayer leía el libro de Daniel capítulo 5, y me encontré con la escena del rey Baltasar profanando en un banquete los vasos sagrados robados en el templo de Jerusalén, cuando de repente aparecen unos dedos escribiendo sobre la pared. El rey recurre al profeta Daniel que le traduce lo que allí está escrito: “contado, pesado y dividido”, tus días han sido contados y señalado su límite, has sido pesado y hallado falto de peso, tu reino será dividido y entregado a tus enemigos.

En esta poderosa imagen se inspira Banffy para recapitular su producción y este ha sido el detonante para escribir ahora precisamente sobre esta trilogía, que guardo como un tesoro intemporal. Miklos Banffy fue un hombre interesantísimo, descendiente de una familia noble arraigada durante más de 500 años en la Transilvania húngara, en la actualidad territorio de Rumanía. Abogado, político, diplomático, escritor, editor, pintor, productor escénico, pionero de la revolución agraria y el cooperativismo, vivió las terribles turbulencias de la Europa de las dos confrontaciones mundiales y en esta obra trató de inmortalizar el ambiente del albur del siglo, inmediatamente precedente a la hecatombe del centro de Europa tras la desintegración del imperio austrohúngaro.

Balint, Adrienne y Laszlo, los protagonistas principales junto a una multitud de variados personajes, son muy jóvenes cuando comienza el relato, pronto se afianzará el amor entre Balint y Adrienne, mientras la prometedora carrera musical de Laszlo se ve truncada por un desengaño amoroso.

Y a lado de los personajes, hay otros dos grandes protagonistas en esta obra, que alcanza en el segundo volumen su más alto nivel, el parlamento y la naturaleza, ambos tratados con detenimiento, casi con mimo, especialmente el campo.

Asistimos al deterioro de la situación política tanto nacional como internacional. El parlamento húngaro, por mezquinos intereses, es indiferente a las rivalidades fratricidas que van surgiendo en su seno. El retrato de los diputados es tan pobre como podría serlo el de los políticos de hoy en general: gobiernos basados en la mentira, desacato a las reglas parlamentarias, intransigencia nacionalista frente al proyecto imperial común, reformas agrarias nunca acometidas, el nefasto destino húngaro y su “cierta tendencia al nirvana, una clase de desinterés por la fama y el éxito..., la virtud consistía en el simple hecho de tener la capacidad de lograr algo, no hacía falta lograrlo”, hasta finalizar con el abatido y desesperanzado cansancio que planea en cada una de las líneas del tercer volumen, donde deja constancia de la desmembración del reino.

Es en la descripción de su tierra natal donde adquiere la grandeza y la belleza de una hermosa sinfonía con sus amaneceres y silencios, sus paisajes y luces, la viveza y variedad de sus moradores, las descripciones excepcionales de sus castillos y casas solariegas, las cacerías de liebres y faisanes con rehalas, las batidas a los pastores furtivos, los bosques y neveros, los caballos, sus tiros y carreras de obstáculos, el avistamiento de los gamos en celo y las berreas de los ciervos.

Magnífica obra costumbrista con la ligereza y maestría propia de los grandes literatos del XIX, sin la profundidad y disquisiciones de otros autores de su entorno, pero con una precisión e interés constante, que la convierte en una absoluta cumbre de la literatura realista. A nadie debe asustar su extensión, si ha disfrutado con Dumas o Tolstoi, no dude en dejarse tomar de la mano por Banffy e introducirse en los salones y costumbres de esta nobleza donde hombres y mujeres buscan, como todos, el amor y la felicidad.

El Confidencial