La prensa dice

27 ene
2011

Reseña de "La bandera invisible" en el Diario de Mallorca

Los dignos

Por Ricardo Menéndez Salmón

Peter Bamm nos transmite su experiencia como médico de la Wehrmacht durante la campaña rusa, entre los años 1941 y 1945.

La guerra ha sido siempre un magnífico revelador de nuestras miserias y grandezas. Ningún suceso como la violencia institucionalizada, hecha dogma, encarnada porlos ejércitos y sus huestes, para informarnos de las sombras y luces de la condición humana. Entre los miles de documentos escritos que la Segunda Guerra Mundial nos ha legado, hasta formar ese palimpsesto infinito que constituye a efectos prácticos la memoria intangible de cierta humanidad doliente, las experiencias narradas en primera persona no con una vocación novelística, sino testimonial, constituyen la expresión más depurada y cristalina de la imposibilidad de contemplar semejante suceso, de enorme magnitud, desde una óptica única y, por definición, reduccionista. La guerra, a qué dudarlo, es un diamante de múltiples facetas: sólo mediante el coro de voces de víctimas y verdugos, vencedores y vencidos, puede aspirarse a un atisbo de comprensión.

En 1952, en una Alemania que comienza a ajustar cuentas con su responsabilidad en el derrumbe de algunos de los principios capitales del progreso y de la razón, Peter Bamm publica La bandera invisible, libro en el que nos transmite su experiencia como médico de la Wehrmacht durante la campaña rusa, entre los años 1941 y 1945. Cirujano de formación y sinólogo de vocación, Bamm descubre en la experiencia asiática, en la desmesura de un paisaje inabarcable y en la inconmensurabilidad de una cosmovisión ajena a la suya, un campo de pruebas decisivo para levantar un monumento nada ingenuo y singularmente emotivo a propósito de la posibilidad de ese humanismo que los filósofos habían dado por enterrado tras el Holocausto y los más de 50 millones de muertos generados por el conflicto.

Para ello, Bamm enarbola la bandera que da título a su libro, esa que no se ve pero congrega a todos los hombres y mujeres que, en muchos casos de forma anónima y desinteresada, fueron capaces de entregar su vida en nombre de unos principios a los que no aceptaron renunciar ni siquiera en su experiencia del infierno. Ahí es donde radica la importancia de este libro. En la convicción –expresada por Bamm con sus referencias a un legado filosófico, vital y emocional que nos vincula a todos, por usar la célebre imagen kantiana, como las estrellas en el cielo infinito y la ley moral dentro del pecho– de que existe algo común y compartido, algo que presta sentido y cohesión a lo que somos y a lo que hacemos, y que legitima y deslegitima, algo que Bamm recoge bajo esa vieja, gastada y hermosa palabra que es Europa. Esa Europa siempre en el disparadero, a punto de disolverse en el magma de los pueblos y de los credos, pero que puede y debe asumir un acervo único y esplendoroso, un acervo que comienza con el relato de una guerra (Ilíada) y el retorno a casa de un guerrero (Odisea), pero también con la convicción, mil veces pisoteada y otras tantas resucitada, de que la única bandera que no es sólo viento, sangre y mierda es la bandera de la dignidad.

Bellver (Diario de Mallorca)