La prensa dice

1 abr
2011

Reseña de "La bandera invisible" en El Confidencial

La bandera invisible

Por María Trincado

Peter Bamm es el pseudónimo de un médico alemán, Curt Emmrich (1897-1975), que luchó siendo muy joven en la Primera Guerra Mundial y que tras licenciarse en medicina estuvo bastantes años trabajando como médico de la marina mercante alemana. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se alistó como médico del ejército. Basándose, precisamente, en esa experiencia como cirujano de campaña en el frente ruso, escribió su novela autobiográfica, La bandera invisible, publicada en 1952, muy próxima a los hechos, y con la que alcanzaría gran reconocimiento, dedicándose desde entonces a la escritura y el periodismo.

“He escrito este informe en memoria de todos aquellos que entregaron su vida bajo la bandera invisible, por amor al prójimo. Sus tumbas están esparcidas por medio mundo.

Ninguno de nosotros es completamente culpable de la irrupción de la barbarie, pero tampoco es completamente inocente. No deberíamos olvidar que los que dieron su vida por el prójimo aligeran un poco el peso de nuestra culpa. La luz que luce desde sus tumbas arroja un resplandor claro sobre el camino de los hombres hacia el futuro. La bandera invisible bajo la que cayeron no es una bandera de una causa perdida, de ahí que en su muerte haya cierto consuelo.”

Con estas palabras meditadas y sentidas cierra el escritor su obra, pero sirven igualmente de antesala al lector interesado. Son el resultado de su experiencia al frente de un hospital de campaña, a muy pocos kilómetros de la primera línea de batalla, a menudo bajo el fuego de la artillería, y de la observación meticulosa del diferente comportamiento de los individuos, abocados irremediablemente a situaciones extremas.

La descripción de operaciones, curas de supervivencia y sobre todo la difícil logística médica en un ejército en marcha constante jalonan las páginas de estas memorias. Junto a él y su batallón vivimos la entrada del ejército alemán en la Rusia esteparia y sus extremas condiciones climáticas, recorremos los campos de girasol de Perekop, y la retirada a las playas de Crimea ante el rápido avance de las tropas rusas a lo largo del frente caucásico. Y comprobamos horrorizados y atónitos cómo “lo único que permaneció invicto hasta el final fue la resistencia de los jefes contra la razón”.

Aunque el miedo a la muerte aflora de modo constante en las situaciones que nos va relatando, casi siempre predominan actitudes más valiosas como la camaradería, el amor al prójimo, el esfuerzo y la dedicación, que hacen superar ese miedo, creando estampas muy humanas, que contrastan con la inhumanidad de la guerra en sí misma.

Es un libro sobre la guerra, pero optimista, vital y esperanzador. No es su objetivo mostrar el horror de la guerra, sino que intenta subrayar lo poco de bueno que puede haber en ella. La bandera invisible es la bandera de los personajes anónimos que pensaron en sus semejantes más que en sí mismos. En palabras del autor: “El dios de la guerra no sólo desencadena los demonios; también moviliza a los ángeles. Los demonios hacen ruido. Los ángeles llevan a cabo su obra en silencio.”

El Confidencial

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