La prensa dice

23 jul
2013

Reseña de "El prestamista" en Cine Archivo

DEL LIBRO A LA PANTALLA: «EL PRESTAMISTA»

Por Christian Aguilera

[Para leer la reseña completa en Cine Archivo, haz clic aquí]

Estrenada tardíamente en nuestro país —en los estertores del franquismo— y con un metraje manipulado, El prestamista (1964) ha sido evaluada como una de las películas más prestigiosas de su realizador, Sidney Lumet, pero al mismo tiempo de difícil acceso. Con la edición en DVD a cargo de Suevia se recuperaría el montaje tal como se dispuso para su estreno en los Estados Unidos y en algunos países del viejo continente —las escenas oníricas íntegras, aunque "troceadas" en la mesa de montaje, del arresto y posterior cautiverio de los Nazerman en un campo de concentración nazi en lugar de algunas escenas de corridas de toros (sic) cortesía de la censura de la época—. El film parte de una novela escrita por Edward Lewis Wallant (1926-1962), uno de los enfants terribles de la literatura norteamericana (en puridad, judío-neoyorquina) de mediados del siglo pasado, fallecido prematuramente a los treinta y seis años. Empero, Lewis Wallant tuvo tiempo de publicar tres libros, The Human Season (1960), The Pawnbroker (1961) y Los inquilinos de Moonbloom (1962). Con esta postrera novela, El prestamista —tanto su fuente literaria como la versión cinematográfica— comparte una especial filiación por personajes desnortados, que viven en los arrabales del poder económico y social que iba experimentando la ciudad de la costa Este en plena expansión durante los primeros años sesenta. Si en la segunda obra de Lewis Wallant el epicentro del drama social es la relación que se proyecta entre el propietario de un inmueble (Norman Moonbloom) y una varipinta comunidad de vecinos, en El prestamista la historia transcurre en una tienda de empeños, punto de encuentro de individuos sin apenas recursos monetarios. Lumet (en substitución del inicialmente previsto Arthur Hiller) concentra el relato en los últimos días de un mes de octubre para evidenciar que, a medida que los ridículos salarios o pensiones de los individuos que acuden al prestamista (soberbio Rod Steiger, a distancia de sus recurrentes papeles en los que ejerce de histrión) —algunos con la única intención de ser escuchados— se acaban, se agudiza su crisis financiara y vital. En el caso del prestamista que da título al film y a la novela, su relación con aquellos seres marginales es puramente "transaccional" —a diferencia de lo que sucede en la última novela firmada por Lewis Wallant—, evitando cualquier gesto de acercamiento y de comprensión salvo cuando entra en su vida Marilyn Birchfield (Geraldine Fitzgerald), una mujer de exquisitos modales que ha superado con creces los cuarenta. Invadido por los temores del pasado —magistral la construcción de los flashes con un contraste fotográfico a cargo de Boris Kaufman, a la sazón hermano de Dziga Vertov y pieza fundamental en la primera etapa del cine de Lumet—, Sol Nazerman es una de las víctimas silenciadas de los judíos que trataron de rehacer sus vidas, al calor del país de «las (segundas) oportunidades», tras la barbarie nazi.

[Para seguir leyendo la reseña en Cine Archivo, haz clic aquí]

Cine Archivo