La prensa dice

10 oct
2011

Reseña de "El frente ruso" en La gaceta de Salamanca

Divertida Sátira

Por Javier Sánchez Zapatero

«Cuando era pequeño, podía pasarme horas observando el papel pintado. Las paredes del cuarto de estar de casa de mis padres, recubiertas con un motivo vegetal rococó posmoderno, colección Vénilia de 1972, producían enmi imaginación, ya de por sí fácilmente impresionable, monstruos espectaculares. Acababa de cumplir ocho años. Solo tenía que instalarme en el sofá de terciopelo marrón, fijar lamirada en el hueco que quedaba entre el sillón y la pared y esperar pacientemente a que el punto flotante en el queme concentraba tomara poco a poco el aspecto de la cara burlona de una criatura del infierno. Las flores de lis le dotaban de orejas y cuernos; las hojas de acanto, de una boca abierta y una lengua colgante; dos tallos entrelazados de madreselva o de pasiflora que ascendían a las alturas formaban su pelo ensortijado»

“El frente ruso” relata la historia de un joven idealista que intenta hacer carrera en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés

Con semejante título y perteneciente al catálogo de la siempre sugerente editorial Libros del Asteroide, que se ha caracterizado en los últimos años por recuperar obras relacionadas con el convulso pasado europeo, da la sensación de que “El frente ruso” va a trasladar al lector a un mundo de trincheras, soldados y grandes nevadas. Nada más lejos de la realidad. La novela –novela corta, en términos estrictos- del autor francés Jean-Claude Lalumière nada tiene que ver con la literatura bélica, ni con la historia rusa, sino con la burocracia y el torpe funcionamiento de ciertos departamentos de la administración estatal.

Irónica, tremendamente crítica, y con logrados golpes de humor, la obra narra, siguiendo una estructura que en cierto modo recuerda a las de “ascensión y caída”, las peripecias de un joven francés que, obsesionado con viajar, decide opositar a un puesto en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Tras lograr la plaza ansiada, su futuro comienza a torcerse cuando, por culpa de un pequeño e involuntario encontronazo con un superior, es destinado al denominado frente ruso”, una sección menor encargada de las relaciones nternacionales con los nuevos países creados tras el proceso de desintegración de la Unión Soviética. A pesar de la decepción que supone para él no poder obtener ningún cargo en ninguna embajada ni en ningún departamento que le permita cumplimentar su deseo de conocer mundo, comienza su andadura profesional lleno de ideas y energía. Su ímpetu pronto chocará con la actitud de sus compañeros, personajes estereotipados en los que, sin embargo, no es difícil identificar comportamientos habituales en el mundo laboral: el jefe inepto, el “trepa” o el compañero a punto de jubilarse que ya parece vuelta de todo. Gracias a sus ganas de mejora, pronto conseguirá una oportunidad para salir de su odiado destino y encontrar un puesto mejor. Sin embargo, su fracaso en la organización de un estrambótico desfile del “Orgullo Diplomático”, unida a su condición de antihéroe con tendencia a meter la pata, le llevará a abandonar sus sueños y a aceptar que, comodice la novela en su última línea, “la historia de una vida es siempre la historia de un fracaso”.

A pesar de su aspecto de fábula, tampoco es difícil reconocer en la novela de Jean-Claude Lalumière los extraños, en ocasiones kafkianos, recovecos de la burocracia administrativa. De ese modo, “El frente ruso” se dota de un evidente valor de denuncia del sistema que trasciende con mucho el caso francés y adquiere una dimensión universal. Con todo, la crítica más grande de las que efectúa la obra no tiene que ver con los gastos superfluos de la administración estatal, ni con los malos vicios de algunos funcionarios, ni siquiera con el mal servicio que al ciudadano muchas veces se presta desde instituciones nacidas para mejorar la sociedad. Lo realmente perverso del sistemaal que ataca Lalumiére es su capacidad para llevar al conformismo a personajes llenos de ideales y ganas de progresar como el protagonista. De ahí que la novela se tiña de un trasfondo agridulce y consigue que todas las risas que provoca estén, en el fondo, llenas de una triste decepción.

La gaceta de Salamanca