La prensa dice

19 abr
2011

Reseña de "El frente ruso" en Bendito atraso, la página de Kiko Amat

Libro del mes (Abril 2011): JEAN-CLAUDE LALUMIÈRE El frente ruso

Por Kiko Amat

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El libro más divertido de cuántos he leído en el último mes es El frente ruso, una elegantísima sátira del funcionariado y la vida oficinista francesa protagonizada por un anónimo –recuerden Absolute beginners- chapuzas emocional e inveterado patoso social que, se lo aseguro, no da pie con bola. Si quieren titulares, se los proporcionaré encantado: El frente ruso es una mezcla del Scoop de Evelyn Waugh, The Office de Ricky Gervais y El apartamento de Billy Wilder, todo ello sublimado con un humor atemporal y dignísimo que recuerda a los clásicos del ridículo público inglés, de Wodehouse a Kingsley Amis, pasando por Keith Waterhouse. ¿Qué armas esgrime su autor, el cuarentón Jean-Claude Lalumière, para coronar dichas cotas K1 de elevación y tronchamiento? Todos los trucos del manual, espléndidamente expuestos y aprendidos con una notable capacidad asimilativa: empezando por la solidificación del protagonista, que –por supuesto- es un ex-nerd de marca mayor (tomen nota: los protagonistas nerds son una apuesta segura para conseguir novelas hilarantes), deformado emocionalmente por su relación materno-filial –piensen en los lazos que unen al Manny de Black books con sus intrusivos progenitores, por ejemplo- y completamente incapaz de enfrentarse a ese rudo y desenvuelto mundo de allá fuera. A la torpeza de serie de nuestro entrañable y semi-virgen chupatintas podemos añadirle unos cuantos ejemplos de calamidad pública con gravosos resultados físicos (el fragmento del tropezón del jefe con la maleta sobredimensionada de nuestro hombre no tiene precio), de humillación sexual (de nuevo, infalible), de onerosa incapacidad para mantener el tipo en fiestas y reuniones sociales y, ligándolo todo, una cruel pero empática visión de lo que es el mundo de los white collars, sección diplomática. Sin dejar en absoluto que esa sátira se transforme en género, estropeando así toda diversión; el autor no anhela ante todo mostrar su punto de vista sobre el mundo del funcionariado, sino contar las desventuras de ese lamentable inepto carente de toda ambición en un entorno que parece regirse exclusivamente por ésta. Y ese es uno de sus mayores logros.

El argumento como tal es bien fácil de resumir: nuestro amado personaje principal anhela hacer carrera en el ministerio de Asuntos Exteriores y ver mundo (un tic harto mondante de su condición nerd es, de hecho, su vieja obsesión infantil por la revista Geo y los países del mundo), pero una inesperada catástrofe relacionada con una maleta descomunal – regalo de su madre- provoca que, a modo de represalia- le asignen al departamento de “Países en vía de creación. Sección Europa del Este y Siberia”. A partir de ahí pueden tirar del hilo e irá emergiendo todo lo que les he mencionado antes y unas cuantas cosas más: jocoso choque cultural, diálogos internacionales traducidos pobremente por los interlocutores (con sus consiguientes y maravillosos malentendidos), personajes inolvidables (el adicto al turismo que jamás ha salido de París, la secretaria hippy, el jefe de talante castrense…), aún más capitulación genital, novias decepcionadas que esperaban algo más y un final que, pese a culminar con la frase “La historia de una vida es siempre la historia de un fracaso”, no resulta abrumadoramente amargo.

Si envolvemos lo listado con una cubierta impecable –como son, por norma, las de Libros del Asteroide- una traducción discreta (en el buen sentido de la palabra: es decir, que no se entromete en la trama) y por tanto adecuadísima, y recalcamos que la prosa certera, impasible, aguda y engañosamente sencilla de Lalumière borda la historia que van a leer, el resultado es un libro eterno y universal que no tiene nada que envidiarle a maravillas de la narrativa sobre humillación masculina, incompetencia conyugal y rendición social como Lucky Jim, Decadencia y caída, Wilt o Cosas por las que discutimos mi novia y yo. Incluso Something happened, si me ponen entre la espada y la pared. Háganle sitio a este lúcido narrador en su estantería (es mi consejo de abril).

Bendito atraso, la página de Kiko Amat