La prensa dice

29 feb
2012

Reseña de "Alí y Nino" en El Periódico

Un tesoro de azarosa historia

Por Carlos Martínez Shaw

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’Alí y Nino’, publicada en 1937, es la obra maestra de la literatura de Azerbaiyán.

La gestación de Alí y Nino es tan complicada como la historia de su país de origen. Lo más probable es que fuera escrita por el azerí Yusif Vazir Chamanzaminli, dotada de forma definitiva por Lev Nussimbaum, también escritor y de origen azerí, y finalmente editada, en Viena y en alemán, en 1937, por la baronesa Elfriede Ehrenfels, bajo el seudónimo de Kurban Said. Y, sin embargo, pese a estos todavía enigmáticos avatares, la novela es la obra maestra de la literatura de Azerbaiyán.

Las razones de esta prestigiosa consideración son muchas. El libro, es, en primer lugar, la novela de Bakú, la capital del país, situada a orillas del Caspio y convertida en la época en que transcurre la trama (los años de la primera guerra mundial) en un emergente emporio petrolífero. Es también la historia de un país enclavado en una encrucijada múltiple, que confiere un dinamismo inusitado a la historia: a medio camino entre Occidente y Oriente, habitada por rusos, armenios, georgianos y azerís, aunque mira constantemente a Persia, a la que está unida por múltiples lazos históricos y por una misma fe, la del islam chií, enfrentada a la de sus vecinos, caucásicos que son cristianos ortodoxos y turcos que son musulmanes sunnís. Y en este microcosmos recorrido por tantas divisiones (a la vez étnicas, religiosas, políticas, mentales) se produce el milagro siempre azaroso del amor entre el khan Alí, azerí y musulmán, y la princesa Nino, georgiana y ortodoxa. Y por medio del hilo de este amor indestructible, que logra el portento de la unión de los contrarios, se devana la marcha de los complejos acontecimientos que marcarán el destino del Azerbaiyán del siglo XX, que tras conseguir una efímera independencia, será invadido muy poco después por el Ejército rojo de la Rusia soviética.

Pero esta historia externa no da cuenta de la inmensa riqueza que atesora el relato, narrado con una maestría indudable (y traducido con la misma agilidad), pues lo más importante de esta sinfonía literaria es la música de fondo. Un fondo sobre el que se recortan los aromas incompatibles del petróleo de Bakú y las rosas de Shiraz, la poesía de los clásicos persas (el épico Firdusi, los líricos Hafiz y Saadí), las ceremonias religiosas (el muharrán chií celebrado en conmemoración de la pasión del mártir Huseín por una población que espera la llegada del mesías, del imam oculto), el mar de tradiciones que inunda el crisol de civilizaciones de la Transcaucasia, las continuas referencias a una milenaria historia embellecida por la leyenda... En una palabra, nos hallamos ante un clásico, en buena hora recuperado para nuestra cultura.

El Periódico