La prensa dice

11 abr
2012

Reseña de "Al oeste con la noche" en Diario de Sevilla

Placeres de oro

Por Ignacio Garmendia

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Nacida en Inglaterra pero criada con su padre en Kenia, en el territorio entonces llamado del África Oriental Británica, Beryl Markham (1902-1986) fue sobre todo una aventurera, pero su único libro es de los más hermosos y fascinadores que se han escrito sobre el continente donde residió la mayor parte de su vida. Famosa por su valor, belleza e independencia, pionera de la aviación transoceánica y reputada criadora y entrenadora de caballos, Markham llevó una existencia novelesca que no tiene nada que envidiar –si acaso la supera– a la de su amiga Karen Blixen, la autora de Memorias de África, aunque al contrario que “Isak Dinesen” no fue ni pretendió ser nunca una escritora profesional, y de hecho alguno de sus biógrafos ha especulado sobre la posibilidad –más bien irritante– de que no fuera ella la autora o la autora única de Al oeste con la noche. La historia editorial del libro no deja de ser curiosa. Publicado con éxito en 1942, fue olvidado durante décadas y redescubierto, a comienzos de los ochenta, cuando el dueño de un restaurante de California leyó una carta de Hemingway donde el escritor, muy en su estilo, tras precisar que consideraba a la autora “una zorra de alto nivel”, concedía que había escrito “un libro condenadamente maravilloso”. Existía en castellano una edición anterior, pero la nueva traducción de Asteroide incorpora un estupendo prólogo de Martha Gellhorn –que fue, por cierto, la tercera mujer de Hem– donde no duda en equiparar las memorias de Markham a las de Blixen, amantes ambas del también legendario aviador Denys Finch-Hatton. “I speak of Africa and golden joys”, leemos en la cita shakespeariana que Markahm dispuso al frente de su evocación, y de ello precisamente, de los “placeres de oro” que encontró –a menudo desde el aire– en aquellas tierras insoladas, nos habla en un libro donde importan menos los hechos que las sensaciones, la trayectoria personal de la autora que su genuino amor por África.

Diario de Sevilla