La prensa dice

Reseña de "1948" en el suplemento Culturas de La Vanguardia

Una incierta gloria

Por Isabel Gómez Melenchón

[Para leer la reseña de 1948 en el Culturas, descárgate el PDF adjunto.]

"No confio en la memoria, es astuta y no hay en ella una única verdad", afirma Yoram Kaniuk

El 14 de mayo de 1948, sólo unas horas antes de que expirara el mandato Británico en Palestina, se proclamó el estado de Israel en el territorio establecido en el Plan de Participación aprobado por la ONU. Al día siguiente empezó la guerra. El nacimiento de una nación suele ir acompañada de testimonios de heroismo, de compañerismo, de entrega, grandes ideales y graves palabras. Yoram Kaniuk, el que se convertiría con el tiempo en uno de los grandes autores de las letras hebreas (grandiosa novela El hombre perro), tenía diecisiete años aquel 14 de mayo y se alistó voluntario. Su visión de aquellos días tardó 59 años en encontrar su forma, hasta que casi octogenario publicó este polémico, sincero, descarnado, honesto y subjetivo 1948, una visión nada hagiográfica de los sucesos que marcaron a varios pueblos y que hoy siguen teniendo su correlato en un conflicto interminable. Eu el imprescindible prólogo, Raquel García Lozano, autora también de la traducción y las enriquecedoras notas, traza la genealogia de la obra de Kaniuk, justamente caracterizada por su distancia frente al grupo de escritores con quienes cronológicalrente hubiera debido alinearse, la llamada generación del Palmaj, los que participaron de aquel momento germinal y lo transmitieron convertidos en nosotros, el sentimiento colectivo frente a la individualidad, tal como correspondia al proceso de construcción de un Estado, no sólo de manera fisica, sino también y muy primordialmente identitaria. Como todos los Estados, por otra parte. Pero los héroes dejan de serlo cuando ya no son necesarios; las jóvenes generaciones israelíes, los lectores de la Pízzería Kamikaze de Etgar Keret o cualquier otro de los cuentos surrealistas y desacomplejados de este escritor y cineasta, han aplaudido en Kaniuk su falta de doctrina, de creencias absolutas, de grandiosidad, su transformación del nosotros en un yo que podemos ser, de nuevo, cualquiera de nosotros, paradoja definitiva.

Yoram Kaniuk (Tel Aviv 1930) es por nacimiento un sabra, la palabra con que se designa a los nacidos en Eretz Israel antes de la proclamación del estado, y por extensión a todos los que han nacido allí después. Un sabra que se lanzó ilusionado a la batalla mientras sus compañeros seguían en el instituto y acabó en su interior muy alejado de "los de hermoso cabello y semblante", la imagen prototípica y heroica tomada del poema ’La camaradería" (Hayrm Guri, 1948). Lo que ocurrió aquellos días de sangre e incierta gloria, se cuenta a través de los recuerdos de Kaniuk, pero como él mismo afirma en su novela autobiográfica "no estoy seguro de lo, que recuerdo realmente, no confío en Ia memoria, es astuta y no hay en ella una única verdad".

El joven Kaniuk dejó las clases para, sin apenas formación; entrar en la Historia con mayúsculas sin proponérselo. Primero, para ayudar a traer a Eretz Israel "los nliles de supervivientes del Holocausto sin hogar a quienes ningún país quería"; después, para crear un Estado en que albergarlos. Un Estado, sostiene el escritor, fruto más de la casualidad que de la organización: "Fuirnos a traer judíos Por mar y acabamcis fundando un Estado en las montañas de Jerusalén". Yoram Kaniuk convierte esta contradicción en su historia, no la Historia, porque a fin de cuentas, cualquier narración no deja de estar contaminada, conscientemente o no, por su narrador: Pero es esta posición personal, ("¿Quién era yo entonces? ¿Qué hacía exactamente? ¿Iba al baño? ¿Teníamos baño? ¿Alguna vez rne lavé allí los dientes?") lo que convierte en atemporal unos hechos tantas veces contados y tan pocas explicados.

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