La prensa dice

1 oct
2009

Los días contados, por Antoni Gual

Los dos personajes centrales, primos aristócratas, el diplomático Bálint Abády y el músico László Gyeroffy, viven inmersos en un mundo de ensueño; el primero queriendo conquistar a la bella Adrienne Miloth, casada con un déspota hacendado, y el segundo perdiéndose en las salas de juego de los casinos. Pero lentamente su destino particular irá configurándose junto al hundimiento del imperio austrohúngaro.

En un corto espacio de tiempo han aparecido en nuesto país tres grandes novelas, de tres autores unidos por su calidad literaria, su condición de aristócratas y por el objeto de sus relatos: las vigilias de la Primera Guerra Mundial. Se trata de Un armiño en Chernopol de Gregor von Rezzori, El rey de las Dos Sicilias de Andrzej Kusniewicz y Los días contados de Miklós Bánffy. Esta última es, quizá, la narrada en un tono más decimonónico. Parece propia de la época de los grandes frescos novelísticos de XIX; sin embargo, está escrita bien entrado el siglo XX. Contiene, además, todos los ingredientes para darle el sabor característico de las novelas de Stendhal o Balzac con un largo aliento casi tolstoiano; esto es, los suntuosos salones aristocráticos, los fastuosos banquetes, los bailes, la caza y la hípica, con el adulterio y el juego como perdición.

Bánffy levanta acta de todo un mundo derrumbado, del saqueo histórico a que se vio sometida Hungría, con un estilo brillante, con esa bruma que envuelve al lector describiendo una aristocracia a la deriva, ocupada en sus ocios en el hipódromo o en la cacería del faisán mientras, sin advertirlo, su mundo va desgarrándose.

Durante toda la narración se advierte un velo casi impalpable, invisible, que separa la atmósfera opresiva, pesimista y crepuscular del momento, de la exaltada, alegre, despreocupada e irresponsable vida de una aristocracia transilvana que se acerca al abismo. Al más hondo y vertiginoso del siglo XX: la Gran Guerra.

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