La prensa dice

6 jun
2005

Literatura, por Ignacio F. Garmendia

Un artista de la falsificación mixtificador. El raro e inclasificable Frederick Rolfe, autodenominado barón Corvo, hacia 1908. Hacia las primeras décadas del Novecientos, unos cuantos escritores europeos que aunaban el oficio, la osadía y la buena pluma -Emil Ludwig, André Maurois, Lytton Strachey, Stefan Zweig-, habían reinventado el género biográfico introduciendo en sus semblanzas de personajes históricos, para escándalo de los historiadores profesionales, la subjetividad y el análisis psicológico de caracteres, así como, en el plano formal, todo un abanico de recursos habitualmente asociados a la narrativa.

El nuevo arte de la vie romancée, que alcanzó su máximo predicamento durante el convulso y fecundo periodo de entreguerras, se movía en un territorio difuso, a caballo entre la biografía convencional, el ensayo crítico y la historia novelada, pero esta indefinición no impidió que las obras así concebidas alcanzaran una repercusión sin precedentes, que en algunos casos -piénsese en el Napoleón de Ludwig, los Victorianos eminentes de Strachey, el Byron de Maurois o los ensayos sobre Hölderlin, Kleist y Nietzsche recogidos en La lucha contra el demonio de Zweig- se ha mantenido hasta hoy mismo.

Se trataba de escritores por lo demás muy distintos y de calidad despareja, pero que coincidieron en explotar, al abrigo del prestigio entonces aún incontaminado del psicoanálisis, el moderno filón de la biografía novelada, siendo además estrictamente coetáneos, pues que nacidos todos a comienzos de la década de los ochenta del siglo antepasado. A un autor mucho menos conocido y divulgado, en realidad bastante oscuro, que nació veinte años después pero publicó por las mismas fechas que aquéllos, debemos lo que llamaríamos, en lo que se refiere a la evolución del género biográfico, otra vuelta de tuerca, ensayada en una obra fascinante y singularísima que se convirtió desde su publicación en un libro de culto. A.J.A. Symons (1900-1941) era el discreto autor de dos trabajos biográficos -Emim, the Governor of Ecuatoria (1928) y H.M. Stanley (1933)-, pero fue la publicación en 1934 de esta Quest for Corvo, obra inaugural de un modo de hacer biografía que ha prolongado su ascendiente hasta nuestros días, la que lo convirtió en leyenda.

Definido por su hermano el también escritor Julian Symons como "un dandy, un gourmet, un bibliófilo, el autor de este libro fundamental no hubiera pasado de ser otro de tantos escritores menores si no se hubiera interesado hasta la obsesión por la figura de Frederick Rolfe, autodenominado el barón Corvo, un personaje atormentado e inclasificable, asimismo escritor y polifacético artista -un "artista de la falsificación"-, que profesó como seminarista y fue rechazado como sacerdote, ejerció los más extraños oficios y arrastró una existencia atribulada e inverosímil, antes de acabar sus días, derrotado, en la ciudad decadente por excelencia. Venecia, la ciudad de los canales y de las máscaras, era el escenario apropiado para el final de una tragedia que tuvo también, como correspondía al personaje, ribetes de farsa.

El fruto, así pues, de la antedicha obsesión de Symons fue esta extraordinaria biografía que, como decíamos, marcó un hito en la evolución de eso que ahora los estudiosos han dado en llamar "literaturas del yo". Porque no se trataba ya, como en los casos citados, de servirse de los procedimientos narrativos para contar la vida, de por sí absolutamente novelesca, de Corvo, sino que Symons, y en ello radica el meollo de su contribución, dio en introducirse a sí mismo -esto es, a la figura del biógrafo- en la propia biografía, de modo que se alternaran el relato de la vida objeto de inquisición y el de las pesquisas necesarias para rellenar las lagunas -muy numerosas en el caso del escurridizo y falso barón- que, una vez desveladas, nos dan el retrato completo de la figura perseguida, idea revolucionaria que ha admitido, no sólo en la literatura inglesa, múltiples desarrollos posteriores.

Los británicos, de siempre aficionados al género, denominan quest a este peculiar modo de hacer biografía, y hoy pocos ponen en duda que fue la obra de Symons la que le dio principio y carta de naturaleza. No en vano, En busca del barón Corvo ha sido llamada la "primera biografía posmoderna, en tanto que enseña, como en un teatro que dejara visible la tramoya, el proceso de búsqueda que está en la base de todo verdadero trabajo de investigación.

La presente reedición, que recupera la traducción, "algo corregida, publicada por Seix Barral hace más de veinte años, cuenta con un prólogo, excelente como suyo, de Juan Manuel Bonet, donde el ensayista y crítico cita como ejemplo de vigencia de la propuesta de Symons el reciente libro de Ignacio Martínez de Pisón Enterrar a los muertos -permítannos, por una vez, la vanidad de precisar que ya lo dijimos aquí, cuando dimos noticia, tardía pero exacta, de él- y anuncia una provisional, explícitamente titulada Quest for Lasso, que promete ser tan apasionante como la trayectoria de este otro singular mixtificador, el poeta sevillano Rafael Lasso de la Vega.

Diario de Sevilla