La prensa dice

6 ago
2005

Lecturas de verano

Hay libros que parecen adaptarse perfectamente a la lentitud veraniega, a la pereza solar, a la tranquilidad de las tardes interminables. He pasado, durante esta semana, unas cuantas tardes espléndidas leyendo estos dos libros: ’En busca del barón Corvo’, de A. J. A. Symons, y ’A la caza del amor’, de Nancy Mitford, ambos publicados por Libros del Asteroide, una nueva editorial.

El primero, que se publicó por primera vez en 1934, es, en primer lugar, una biografía. Pero es también, como escribiera Mario Vargas Llosa en cierta ocasión a propósito del mismo, «una detectivesca descripción de las mil y una aventuras que vivió el propio Symons para escribir la biografía». De modo que son dos las historias que aquí se cuentan: las aventuras del barón Corvo, un tipo raro de verdad, un escritor nada convencional, y las aventuras de su biógrafo, A.J.A. Symons, en busca de información para escribir la obra.

Lo cierto es que yo sabía algo del tal barón Corvo gracias a un cómic del dibujante Hugo Pratt, titulado ’Fábula de Venecia’, en donde el extraño personaje aparece acompañando al protagonista, el famoso Corto Maltés. Aunque poca cosa recuerdo de aquella historia, salvo algunas de sus imágenes, en las que aparece el barón con un aspecto bastante desagradable.

Frederick Rolfe (1860-1913), que así se llamaba el falso barón, era un curioso y complejo individuo, gran aficionado a la impostura, autor de unos pocos libros no menos curiosos y complejos, que pasó toda su vida instalado en la precariedad más absoluta, pero que no consiguió dejar nunca indiferentes a quie-nes le conocieron y le trataron -de hecho, parece ser que los dejaba a todos bastante cabreados. Entre sus frases más célebres figura ésta: «la verdad es lo que todo hombre puede adquirir valiéndose de la naturaleza aprehensiva de los sentidos perfectamente cultivados».

A mí me recuerda mucho a los pícaros de la literatura española. Engañando a todos y engañado por todos, trata de sobrevivir como puede, siempre de un lado para otro, sin equipaje alguno. Todo es misterio en torno a este escritor y la biografía de Symons es, por tanto, como no podía ser de otra manera, un entretenido y divertido relato de misterio.

La novela de Nancy Mitford es también muy divertida. Publicada, con enorme éxito, en 1945, ahora se traduce al español por primera vez. En ’A la caza del amor’, Mitford utiliza elementos reales de su extravagante y famosa familia para construir el relato, que es sólo en parte autobiográfico. Situada en un ambiente aristocrático en la Inglaterra de entreguerras, la novela evoca una sociedad y unos tipos hoy desaparecidos, pero que con tanta gracia los ingleses han sabido siempre perpetuar en sus libros (y luego también, por cierto, en las magníficas series televisivas).

Hay que decir que las hermanas Mitford, hijas de lord Redesdale, fueron figuras famosas en la Inglaterra de su tiempo. Nancy fue escritora; Diana abandonó a su marido para irse a vivir con Oswald Mosley, líder fascista británico; Unity se enamoró de Adolf Hitler y llegó a formar parte de su círculo íntimo; Jessica se fugó con un primo suyo que moriría en la guerra civil española, se inscribió en el Partido Comunista y acabó trabajando como periodista en Estados Unidos; Pamela y Deborah se convirtieron en aristócratas rurales y escribieron libros sobre jardinería. No está nada mal, si tenemos en cuenta que la única educación que recibieron en su infancia -la única que lord Redesdale consideró digna para sus hijas- consistió en clases de equitación y de francés.

Como escribe José Carlos Llop en el prólogo, ’A la caza del amor’ es una novela de «humor y de amor. Del amor tratado con humor y del humor tamizado por el amor. Es también una novela familiar -una novela de la memoria- y una novela de guerra (incluso la civil española), aunque la familia y la guerra sean en sus páginas motivos de amor y de humor. Y es también una novela muy inteligente».

VICENTE VALERO

Diario de Ibiza