La prensa dice

2 abr
2008

Latido beat, por Sergi Sánchez

La misógina voz de la generación de Kerouac, Ginsberg y Burroughs ensombreció a sus mujeres. Una de ellas, Joyce Johnson, publica sus recuerdos.

El prólogo de "Women of the Beat Generation" (que publicará en España Global Rhythm después del verano), completísimo diccionario sobre las grandes olvidadas del movimiento beat escrito por Brenda Knight, se titula "Sisters, Saints and Sybils" (Hermanas, santas y sibilas). Es difícil hallar un lema más apropiado para definirlas, sobre todo tras leer "Personajes secundarios" (Libros del Asteroide), el libro en que Joyce Johnson (Nueva York, 1935) que fue novia del icono beat Jack Kerouac, documenta los femeninos alrededores de una generación de artistas mucho más misóginos de lo que seguramente estarían dispuestos a confesar. Sí, ellas eran hermanas, porque las unía una cálida sensación de fraternidad, como si su condición de musas y admiradoras les otorgara más libertad para crear. Sí, eran santas: soportaron desprecios, infidelidades, maltratos, porque sus bohemios compañeros creían que se lo podían permitir casi todo. Y sí, eran sibilas: brujas proféticas, oráculos que sabían lo pronto que todo iba a acabar si ellas no le ponían remedio convirtiéndose en albaceas del legado beat.

DESTINOS TRÁGICOS

"Los que quieran entender a las mujeres beat deberán considerarlas de transición, escribe Johnson, "un puente a la siguiente generación, la que en la década de los 60 -cuando el derecho de la mujer a irse de casa de sus padres ya estaba fuera de discusión- cuestionaría todas las ideas preconcebidas que limitaban la vida de la mujer y asumiría la larga tarea, jamás acabada, de transformar las relaciones con los hombres". Mientras, su destino era más bien trágico: Joan Vollmer acabó asesinada por su marido, William Burroughs, porque él, borracho, jugó a ser Guillermo Tell con su cabeza, y Edie Parker que sacó a Kerouac de la cárcel cuando le acusaron de ser cómplice de un asesinato que cometió su amigo Lucien Carr, se casó con él como recompensa, pero su matrimonio duró un año. Podría creerse que las musas y compañeras de los miembros de la generación beat fueron solo muletas, comparsas de su libertaria creatividad, pero sería erróneo.

TRIÁNGULO AMOROSO

Por ejemplo, si Carolyn Cassady no hubiera sostenido, desde la empatía, su relación con Neal Cassady, trotamundos irredento e inspirador del movimiento, los beat se habrían quedado cojos. Si ellos dos, junto a Kerouac, no hubieran protagonizado uno de los más sonados y tormentosos triángulos sentimentales de la época, retratado en las memorias de Carolyn adaptadas al cine en "Generación perdida" (1979), se habría desperdiciado la oportunidad de conocer a una mujer que, además de ama de casa, escribía, pintaba y entendía el espíritu ácrata de sus objetos de deseo.

Escuchemos al poeta Gregory Corso: "En los 50, si eras un hombre podías ser un reblede; si eras una mujer, te encerraban en una institución mental". Johnson cuentas el caso de Elise Cowen, una de las criaturas más tiernas y tristes de "Personajes secundarios". Nacida en una familia acomodada de Long Island, capaz de recitar oportunamente poemas de Ezra Pound y T.S. Eliot, culta y refinada, su encuentro con Allen Ginsberg fue decisivo ("Elise fue un momento en la vida de Allen. En la de Elise, Allen fue una eternidad"). Se reconocieron como almas gemelas, a ninguno de los dos les era extraña la idea de la locura: Elise había estado encerrada en centros psiquiátricos en sus épocas depresivas, la madre de Ginsberg había sido lobomotizada. Pero él desapareció atentiendo la llamada de sus impulsos homosexuales y ella sintió la necesidad de hacerse lesbiana para, aun en la lejanía, estar cerca de él. Nunca superó el abandono, y en los periodos que pasaba fuera del manicomio, escribía poesía en secreto. En 1962 se tiró por la ventana de casa de sus padres en Florida. Su familia quemó toda su producción literaria.

No todas las mujeres de la generación beat tuvieron la mala suerte de Elise Cowen. Diane di Prima, que tiene publicadas en castellano sus "Memorias de un Beatnik" (El Aleph), fue escritora, poetisa y modelo ocasional, conoció a Ezra Pound, protagonizó orgías con Ginsberg y Kerouac, publicó su primer libro "This Kind of Bird Flies Backward" en 1957, editó un fanzine literario "The Floating Bear" que le causó más de un problema con la justicia, se hizo militante del movimiento hippy, se apuntó a la causa zen en los 70 y acabó dando clases de poesía y ocultismo.

UNA "CARTA SUEÑO"

Hettie Jones no solo frecuentó las lecturas de Di Prima a finales de los 50 sino que se casó con LeRoi James, el padre de la hija de aquella, en una época en la que el matrimonio interracial no estaba precisamente bien visto, mientras seguía cultivando su addicción a la poesía y la escritura de libros para niños (tiene 33 publicados). Amiga de Kerouac y Ginsberg, Jones debía de conocer a Ruth Weiss, que había huido de los nazis con su familia de Austria a EEUU, y que escribió haikus ("son mejores que los míos, decía el tío Jack) y llegó a dirigir películas experimentales.

Johnson cuenta que en 1954 John Clellon Holmes le escribió una "carta sueño" a Ginsberg que incluía esta consigna: "La forma social natural del artista es la pandilla de chicos". Holmes, autor de "Go, una de las novelas emblema del movimiento, y responsable de "This is Beat Generation" manifiesto que publicó The New York Times en 1952, seguía pensando lo mismo a finales de los 70, cuando el feminismo había insistido en erradicar la idea del sexo débil instaurada por una cultura patriarcal. Las "chicas" que aparecían en Go no eran más que "amalgamas, tipos, más que individuos". Johnson critica a Holmes: "No las recuerda muy bien; no eran sino pasajeras anónimas del gran autobús de la experiencia (...) Lo que ellas hicieron, supongo, fue ocupar los asientos vacíos". Ellas, las "chicas, alejadas de la fama que hundió a los beats ene el desconcierto, pudieron, paradójicamente, ser mucho más fieles al espíritu del movimiento desarrollando su obra en secreto, en los márgenes de ese sistemas que acabó convirtiendo el latido beat en una marca registrada.

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