La prensa dice

28 feb
2008

La mujer beat, por Robert Saladrigas

En la época dorada de la generación beat -finales de Ios cincuenta- comandada por Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Neal Cassidy, William Bunoughs y Gregory Corso, a las mujeres se les reservó el papel de figurantes. Una de las chicas fue Jovce Glassman (Nueva Yórk, 1935), judía de clase media nacida en Queens que vivía en el mismo edificio de la cálle 116 que el célebre profesor, crítico y novelista Lionel Trilling. Estudiante en Barnard College, Joyce empezó en plena adolescencia a frecuentar la feroz bohemia del Village, en torno a Washington Square, fue durante algin tiempo pareja de Jack Kerouac -lo era cuando en 1957 Kerouac publicó su novela emblemática "En el camino"- pero, pese a ello, nunca consiguió ser otra cosa que espectadora de primera fila de platea. Como lo fueron Edie Parker,Joan Volmer (esposa de Burroughs, a quien éste mató de un disparo accidental) o Elise Cowen. Sólo que años después, muerto Kerouac y cuando ya el oleaje beat había sido reemplazado en los sesenta por el de los hippies, Joyce, viuda del pintor James Johnson, hizo recuento de cuanto había vivido en aquellos años de rebeldía, alcohol y locura en un libro precioso al que significativamente puso el título de "Personajes secundarios".

El año pasado "En el camino" celebró el medio siglo y su prosa explosiva sigue enraizada en la cima de la literatura norteamericana moderna. Por la misma razón, desde 1983 el testimonio visceral y luminoso de Joyce Johnson, hasta ahora no traducido, conserva intacto su interés y su capacidad de seducir. Escribe en las primeras páginas: "Los que quieran entender a las mujeres beat deberán considerarlas de transición: un puente a la siguiente generación, la que en la década de los sesenta -cuando el derecho de la mujer a irse de casa de sus padres ya estaba fuera de toda discusión- cuestionaría todas las ideas preconcebidas que limitaban la vida de la mujer y asumiría la larga tarea jamás acabada de transformar las relaciones con los hombres". O sea que esa fue en sustancia la revolución de la mujer beat: escapar de la opresiva insipidez de la vida familiar para integrarse, relativamente, en un grupo de jóvenes airados, poetas, naradores, pintores, que a través de la mística salvaje del talento creador, la sexualidad liberada, la inmersión en los ácidos y el alcohol, buscaban exteriorizar su malestar desde las tripas de Nueva York y San Francisco poniendo patas aniba los valores puritanos de la combustible sociedad de posguerra.

Joyce Johnson nunca se movió de Nueva York. Le bastó con mudars de la calle 116 al sur de Manhattan para emanciparse y encontrar lo que ansiaba en las calles, los tugurios, los apartamentos cavernarios y las sórdidas habitaciones de hoteles, en realidad vertederos de una mítica tribu sin respuestas de la que ella, aún sintiéndose "en los laterales" del escenario central, formó parte como mujer beat -término acuñado por John Clellon Holmes en su novela "Go" - que creció con "Aullido, el poema fundacional de Ginsberg, u la inspiración zen de "En el camino" de Kerouac, su amor nunca correspondido.

Todo lo que experimentó en aquellos días caóticos, bordeando los límites mientras gozaba de un movimiento continuo sin abandonar su sedentarismo, acompañada por la voz rota de Billie Holiday y el saxofón de Charlie Parker, lo reconstruye -diría que para fijarlo en su propia memoria- con una mezcla de realismo crítico, pasión devota y escalofríos que erizan su piel y el libro-gran libro generacional- transmite. Se despide con esta confesión: "Soy una mujer de 47 años aquejada de una permanente transitoriedad. Si el tiempo fuera un fragmento musical, uno podría tocarlo tantas veces como hiciera falta hasta que sonara bien". Pero no lo es". Y ella ha seguido viviendo de lo que entonces aprendió.

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