La prensa dice

31 ene
2008

La frivolidad del poder, por Diego Gándara

Auchincloss retrata a su sociedad a través de unos personajes preocupados sólo por triunfar

Un abogado que en sus ratos libres escribe o un escritor que, en sus ratos libres, trabaja como abogado. Louis Auchincloss, escritor americano nacido en 1917 y descendiente de los primeros colonos británicos que llegaron a aquellas tierras, pudo aunar ambas vocaciones y ponerse al frente de uno de los bufetes más destacados de Wall Stree y, al mismo tiempo, pergeñar una obra prolífica, compuesta por más de cincuentas títulos y en la que ha incursionado en toda clase de géneros para retratar un mundo que conoce a la perfección: la clase alta de los EEUU.

Una eminencia

Considerado como el heredero de escritores como Henry James y Edith Wharton, Louis Auchincloss es una eminencia en la Gran Manzana. Fue presidente de la Academia de las Artes v las Letras, fue director del Museo de Historia y recientemente ha sido nombrado monumento histórico viviente de Nuela York, una ciudad que, a los noventa años, aún contempla desde su lujoso piso situado en Park Avenue, en el Upper East Side. Biógrafo del cardenal Richelieu. el presidente Theodore Roosevelt o la reina Victoria de Inglaterra, no es extraño que en su obra de ficción Auchincloss intente reflejar los buenos hábitos de su clase, una manera de concebir a la sociedad que le rodea a partir del costumbrismo vacuo de quienes ejercen el poder, de quienes dictan todo tipo de sentencias morales.

Publicada en 1995, "La educación de Oscar Fairfax" puede ser leída como las memorias de un viejo abogado que, en el ocaso de su vida, hace un balance de su biografía: su formación en uno de los colegios más prestigiosos de América, cuna de políticos y letrados varios, su paso por la Universidad de Yale, su vocación literaria, su viaje al París de entreguerras, su coqueteo con los personajes más refinados de la época, su matrimonio, su hijo, y el esfuerzo por mantenerse en la cúspide de la pirámide social como una figura bendecida por el éxito.

Hay, sin embargo, algo molesto en el tono moralizante con el que Oscar Fairfax hace un recuento de su vida, un egotismo repleto de hipocresía y de buenas intenciones que le lleva a entrometerse en los asuntos de los demás y a dar consejos que nadie ha reclamado para apuntalar sus destinos como si se tratara de un camino de obstáculos en cuyo final debe encontarse el reconocimiento. Por ejemplo, no duda en sugerirle a su hermana que ignore los escarceos amorosos de su marido si pretende conservar su lugar en la "crèm de la crème" o en büscarla pareja más "adecuada" para su ahijada o su hijo.

Lo mejor de estas memorias que atraviesan la historia del siglo XX, transcurre en el París de finales de los años veinte. Oscar Fairfax, que aún no sabe si desea ser un escritor o dedicarse a la abogacía, viaja hasta allí por motivos laborales, pero ocupa su tiempo en la escritura de un libro sobre los artistas americanos que vivieron en la capital francesa, con lo cual se rodea de condesas y penetra en el universo snob que Marcel Proust tan bien ha plasmado en "En busca del tiempo perdido". Manual de instrucciones puritanas, novela ejemplar, "La educación de Oscar Fairfax exhibe la frivolidad de unos personajes cuyos mayores problemas son las dificultades que implica encaminarse hacia la cima del mundo. Una forma de entender la vida como un balance, con debe y haber, con resultados que, tal vez, no sean positivos.

La Razón