La prensa dice

18 feb
2008

Jack, el peor enemigo de Kerouac, por Toni Montesinos

La autobiografía de Joyce Johnson, su compañera, arroja luz sobre el mito "beat"

En la sombra, y a la vez con el brillo de su presencia, a un lado cual espectadora privilegiada de una función que se improvisa pero que, se intuye, será recordada por la historia; así se muestra Joyce Johnson (1935), escritora editora, compañera sentimental de Jack Kerouac en los años de éxito y decadencia del autor de "En el camino". Esta autobiografía, "Personajes secundarios. Memoria "beat"" (Libros del Asteroide, con traducción de Marta Alcaraz), fue premiada con el National Book Critics Circle Award en 1983, y diremos que muy justamente, porque abarca de forma excepcional, en su mezcla de indagación literaria, lintima y sociológica del fenómeno "beat, lo que constituyó ese grupo de artistas que escandalizó a la sociedad americana en los años 50.

Sus nombres son conocidos de sobra: William Burroghs, Allen Ginsberg, Jack Kerouac. Sus rasgos, también: escritura automática, "performances" poéticas, drogas y alcohol, jazz y budismo, sexo libre y viajes a la deriva. Y alrededor de ello se cuela una muchacha ingenua e insegura que se independiza, queda embarazada y aborta, trabaja como secretaria en una agencia literaria y al tiempo se descubre convirtiéndose en novelista. Todo ocurre velozmente en esa senda hacia la "Vida Auténtica": un día, Ginsberg le prepara una cita a ciegas con un chico atractivo, de ojos azules, bastante tímido. En la barra de un bar de la calle Ocho, Joyce encontrará a un Kerouac callado, "apesadumbrado, al oírle reconocer que no tiene dinero ni para invitarla a un café. En realidad, Kerouac vive por y para dos cosas, su madre y la literatura: "Jack nunca supo arraigarse del todo. Sus raíces eran, de hecho, grilletes que le sujetaban el alma y lo amarraban a Mémère para siempre" (pág. 47). Una pareja estable parecía imposible; Kerouac no se enamoró de Joyce, se encariñó a lo sumo, y ésta tuvo la paciencia y el amor de comprenderlo.

El rostro de Dios

Se conocen en un año clave, 1957. Kerouac había escrito "En el camino" en 1951 y no paraba de recibir rechazos por parte de las editoriales. Pero "de repente llegó el momento de Jack. El "afán reprimido" de los cincuenta estaba a punto de ser liberado. El "buscando algo" que Jack había visto en mí era el ansia psicológica de mi generación. Eran miles los que estaban esperando a un profeta que los liberara de las prudentes vidas de clase media que habían sido educados para heredar" (pág. 187). Desde ese instante, hasta su fallecimiento en 1969, Kerouac es toda una celebridad, sale en la televisión y se siente obligado a explicar las mismas cosas mil veces.

Todo en vano. La sociedad va demasiado deprisa para detenerse a pensarpor qué Kerouac aspira a "ver el rostro de Dios". Es el tópico del genio incomprendido. "Jack Kerouac era su peor enemigo, concluye Joyce, que lo seguiría amando más allá del desencuentro, de la distancia de la muerte.

La Razón