La prensa dice

4 sep
2008

Hebreos: resistir con humor, por Nadal Suau

Angel Wagenstein nos cuenta en ’El Pentateuco de Isaac’ la historia de un israelita que nace en el corazón de Europa y tiene que experimentar todos los conflictos de la primera mitad del siglo XX, incluyendo el nazismo.

Sobre la risa hay mucho que decir, porque puede ser de varios tipos. Las risotadas que la televisión introduce en nuestros comedores, por ejemplo, tienen una resonancia metálica que delata una determinación tan pétrea como el mostacho de un brigadier. Es una risa unilateral, una risa por decreto. Es decir, que su paradoja estriba en parecer un gesto divertido cuando en realidad es síntoma de obediencia estricta a la autoridad. Pero hay otras formas de reírse que nos provocan el mismo estupor: el Mal nos muestra la campanilla de tanto desternillarse, lo mismo que la neurosis se traduce en un chisporroteo solipsista muy parecido al de un cuchillo afilándose en la rueda.

El pueblo judío tiene un depurado sentido del humor. Mejor aún, un humor ’apurado’. Quienes simpatizamos con lo semítico, además de advertir similitudes contundentes entre el espíritu mallorquín y el judío, solemos recordar que el hebreo ha encontrado en el estudio y en el humor (tan particular que cuando Kafka se parte el pecho, medio Occidente cree que debe fruncir el ceño y asentir adelantando el maxilar inferior) un refugio seguro ante las adversidades que el mundo le ha reservado. Y es que si hay un capítulo de la Historia que sea difícil analizar con herramientas puramente racionales, es precisamente este relato de un pueblo monoteísta que se ve expulsado de su tierra y sobrevive disperso durante siglos, para regresar a casa después de que un ser luciferino trate de exterminarlos abriendo una filial del Infierno en la Tierra, que diría Joseph Roth. La próxima vez que algún racionalista, nadando en el Caló des Moro con sus manguitos marxistas, me insista en sus diatribas contra lo irracional, no olvidaré preguntarle cómo explica a Israel con criterios economicistas: lo va a tener difícil.

Precisamente, el narrador del libro que hoy les recomiendo nos exhorta: «Por favor, no busques lógica en mi destino». Se trata de Isaac Jacob Blumenfeld, un sastre judío de Galitzia, cuya historia nos cuenta Angel Wagenstein en ’El Pentateuco de Isaac’, editado por Libros del Asteroide. La vida de Isaac es tremenda: va a tener que afrontar dos guerras mundiales, y recalará en los campos de concentración del nazismo y el estalinismo. ¿Cuál es la paradoja de Blumenfeld? Pues que estas peripecias nos las cuenta desde el humor. No es una operación fácil: una y otra vez, Wagenstein introduce chistes sobre los judíos y sobre aquello que se va encontrando. Sí, sí, en gran medida este libro es un el-saben-aquellque-diu? tras otro que no deja bien parado al Gulag, pero tampoco al judío Mendel o al rabino empeñado en coger un billete del suelo en sabbat. Ya dice el protagonista que«nada puede impedirle a un judío reírse un poco».

Aunque no solo hay risa -y la que escuchamos no es metálica, sino inteligente y triste-. Blumenfeld pierde a casi toda su familia y muchos años de libertad. Azotado por los vientos de la Historia, se despierta ciudadano de Galitzia y se acuesta polaco, para volver a amanecer soviético y luego convertirse en parásito que el Reich se complace en exterminar. Y cada vez, quieren convencerle de que ése es su propio deseo y su conveniencia. ’El Pentateuco de Isaac’ ofrece, además, un admirable retrato de tipos (destaca el rabino Samuel Bendavid) que no llegan a saber qué define su identidad: ¿La religión, la ideología política, la nacionalidad, la raza...? Buen libro, el de Wagenstein. Por lo demás, paseo de Pina a Ruberts, me detengo en la línea de sombra que proyecta un gran eucalipto...

Esta transición logra inquietarme, dura solo un instante. Pienso en la épica, en la leyenda del monte Masada.

¿Masada? La resistencia más sólida es el humor.

Diario de Mallorca