La prensa dice

Entrevista a Yoram Kaniuk en La Vanguardia

Yoram Kaniuk: "No creo en la solución de dos estados ni en la de uno"

Por Henrique Cymerman

[Para leer esta entrevista en La Vanguardia haz clic aquí o descárgate el archivo adjunto.]

"Dos veces estuve muerto, en la guerra de 1948 y luego a raíz de un cáncer. Ahora con mi nuevo cáncer sé que la muerte está cerca. En el pasado no me importaba mucho, pero ahora quisiera tanto disfrutar de uno o dos años más", afirma a La Vanguardia en una entrevista uno de los mas importantes escritores hebreos Yoram Kaniuk de 82 años. Nacido en Tel Aviv, siempre se destacó por su visión crítica y alternativa del Estado de Israel y del judaísmo. Ejemplo de ello es su libro 1948, en el que relata cinco meses de lucha sangrienta, en la que la mayoría de sus compañeros adolescentes perdieron la vida y en la que él mismo reconoce haber matado a varios soldados árabes. Está casado con Miranda, una norteamericana no judía, por lo que según la religión hebrea sus hijos y nieto no son judíos, aunque viven en Israel; él, por solidaridad, obligó al Ministerio del Interior a borrar la palabra que le define como "judío" en el registro civil. En Jerusalén le otorgaron el prestigioso Premio Sapir y él estaba convencido que era cuestión de semanas, hasta que le anularan la distinción, por sus polémicas y regulares declaraciones. Por ahora eso no ocurrió, pero su libro 1948 ha sido traducido al italiano con gran éxito y ahora publicado en España y varias de sus obras están siendo convertidas en películas y series televisivas.

¿Por qué escribió usted el libro 1948, seis décadas después de la guerra de Independencia de Israel en la que luchó durante meses?

Todo el mundo me pregunta por qué escribí ese libro. Yo no tengo un porqué. Pesaba como una piedra en mi alma durante muchos años. Cuando tenía 19 años traté de escribirlo, estaba trabajando en un barco que traía supervivientes del Holocausto y en ese momento no pude. El manuscrito se extravío. Más adelante volví a tratar de escribirlo una y otra vez por que era algo que debía decir. No era acerca de la guerra, era la guerra misma, percibida por un joven de diecisiete años. A los 17 años y medio me alisté para ayudar a traer a los judíos que llegaban a Israel. Poco a poco, se fue generando el contexto para la guerra, luego se instauró el estado de Israel. Nada estaba planeado y nos fue muy bien considerando que casi no teníamos municiones ni comida ni agua. Éramos 1100 personas que lucharon conmigo en la brigada, la brigada de Yitzhak Rabin, y 400 murieron. Entonces cada día que ibas a la batalla sabías que dos de cada cinco no iban a volver. Para nosotros se trataba de si sobreviviríamos o no. Nosotros fuimos más listos. Ellos tenían más municiones, más armas, más maquinaria de guerra en buen estado y nosotros no teníamos nada. Hoy dicen que no lucharon, pero lucharon muy bien. Eran buenos guerreros, especialmente los jordanos y los palestinos y mucha gente de Irak.

¿Tuvísteis tiempo para temer, para estar preocupados?

No, eso siempre me sorprende. Y más teniendo en cuenta que cuando era joven tenía miedo de la oscuridad, a todo tipo de cosas. Pero las cosas que uno ve en la guerra, las luchas cara a cara, no me permitían pensar en el miedo. Lo que allanó el camino para escribir el libro fue que hace siete años tuve otro cáncer. Un día fui a la cinemateca a ver una película israelí llamada Deep Water. Se trataba de una chica joven, toda la película era sobre ella. Había un plano corto de ella y el plano corto eran los ojos de su padre. El doctor que me operó tenía los mismos ojos. Esa era la última cosa que yo recordaba de antes y eso hizo regresar a mi memoria al hombre que estaba sentado sobre el muro y me disparó (en 1948). Era un sargento británico de la legión jordana. Estaba el hombre inglés con una kafia roja sentado en aquél muro y me disparó dos veces a unos 50 metros de distancia, debería haber llegado el tercer disparo, pero no llegó. Desde entonces he inventado historias acerca de él. Trataba de entender, primero me intenta matar y luego salva mi vida. ¿Por qué? Si quieres matar a alguien, mátale. Es decir, yo esperaba ese disparo.

¿Cuánto tiempo después del inicio de la guerra sucedió esto?

Cuatro o cinco meses. Yo estaba tendido en el suelo y el resto de mis compañeros no me vieron y se dirigían a la Puerta de Sión para entrar en la ciudad antigua de Jerusalén. Pudimos haber tomado la ciudad antigua, pero Ben Gurión dio la orden de no hacerlo. Eso descontentó a Rabin y a otros. Pero él era inteligente. Probablemente procuró evitar que se convirtiera en una Ramat Aviv (barrio residencial de Tel Aviv) o algo así.

¿Durante cuánto tiempo estuvo allí tendido?

No lo sé. Me llevaron al hospital, un hospital que habíamos habilitado nosotros. Ahí no tenían ningún tipo de anestesia ni analgésico y tenían que cortar piernas debido a la gangrena. Yo no lo recuerdo pero, parece ser que agarré una granada y la puse contra mi estómago y dije: “Si alguien me toca la pierna, me mataré”. Fui afortunado porque Ben Gurión dio la orden a los pocos aviones que teníamos de que aterrizaran cerca del Monte de los Olivos. Entonces un hombre, Ben Porat, logró aterrizar y traer penicilina.

¿Pensó que sobreviviría?

No. Nadie sabía cuanto tiempo soportaríamos. Su número crecía y el nuestro se reducía. Recién unos meses más tarde comenzamos a alistar a los recién llegados, supervivientes del Holocausto. Pero por aquél entonces era el tiempo en el que los ingleses se estaban marchando y no nos estaba permitido dejar entrar a los judíos que llegaban de Europa.

Pero entonces...¿ daban un arma a los supervivientes de la Shoa y les mandaban a luchar?

Sí. Y muchos de ellos murieron, sin que se supiera sus nombres. No tenían ni idea. Antes de ir a esta guerra yo había disparado una sola vez. Yitzhak Rabin era nuestro comandante, tenía 24 años, nunca había participado en ninguna batalla anteriormente. Era el comandante de 1100 personas y no sabía nada sobre la guerra. Era una guerra de oficiales de bajo rango y de soldados. Una semana después del comienzo de la guerra yo sabía más de la guerra que Rabin.

¿Cómo se explica vuestra victoria?

Debíamos ganarla, simplemente. Cuando escribí el libro, traté de hacerlo desde la perspectiva de alguien que tiene 17 años y medio. Porque en aquél entonces no pensábamos acerca de estas cosas. No sabíamos de guerras, no sabíamos en qué guerra estábamos luchando. Cuando yo tenía ocho años quería alistarme en las brigadas internacionales de la guerra civil española, algunos israelíes estaban luchando en España por aquél entonces. Y fui a las filas y me dijeron: “Tú eres demasiado joven”. Diez años más tarde no había crecido lo suficiente como para saber lo que significaba esa situación. Y qué poco sabemos de como funciona la memoria. Has estado en un lugar, has visto sangre, pero no recuerdas con certeza si pertenecía al hombre que tu crees o a otro hombre. Se mezcla todo, y yo maté a mucha gente.

¿Recuerda esos momentos?

Si, recuerdo a la gente caer. Yo no sabía quienes eran, probablemente tenían familias.

¿Recuerda muchas atrocidades? ¿Deportaciones de palestinos?

En el libro hay un relato que recuerdo muy bien por que fue después de regresar de la guerra, después de ser herido, cuando estábamos en Ramle. Dos días antes de llegar yo allí, Ben Gurión dio la orden de evacuar a todos los palestinos de ahí, pero fue la única orden que dio al respecto porque no quería que hubiese ciudades muy grandes pobladas por árabes entre Tel Aviv y Jerusalén.

¿Fue el único lugar en el que se dio la orden de deportar palestinos?

El único en que se hizo pública la orden. El resto de casos fueron órdenes de comandantes locales pero no de Ben Gurión. Entonces llegamos y la ciudad estaba vacía y a las afueras estaban todos esos árabes llorando y suplicando regresar a sus hogares. Esa noche hubo mucho ruido, llegaron diez camiones llenos de supervivientes del Holocausto. Entonces comprendes el drama. A los árabes les echaron y tuvieron que irse a unos cuantos kilómetros de distancia, a Kalkilia o Tulkarem, mientras que esos judíos que llegaron no veían una cama desde que eran jóvenes. Lloré al principio y uno de ellos se me acercó y me dijo: “No podemos permitirnos comportarnos moralmente”. La tragedia es que unos meses antes la ONU declaró la solución de los dos estados y los árabes no la aceptaron. Todo esto me ha perseguido durante 60 años, he soñado sobre estos hechos, he tenido pesadillas y he gritado mientras dormía. En aquél entonces la gente no sabía nada acerca de los traumas que produce la guerra. Hace dos meses me llamó Ehud Barak y me dijo que me quería saludar y yo me pregunté: ¿Tu has sido jefe de Estado y yo un soldado, porqué me quiere saludar? Él me dijo que su generación, que era 10 años más joven, se sentía muy fuerte y que cuando leyó mi libro se dio cuenta de que éramos chicos. Me preguntó: “¿Cómo lo hicisteis para luchar? Cuando nosotros luchamos, si alguien moría teníamos a otro soldado, pero cuando vosotros luchasteis no había otros”. Se vio afectado por mi libro porque iba en contra de toda la narrativa que se había fabricado o se había contado o en la que querían creer.

Algunos palestinos dicen que todos los que se marcharon en 1948 fueron expulsados y usted dice que ha visto solo dos casos…

¿Cómo podría haber un millón y medio de árabes en Israel a día de hoy si los hubiéramos perseguido a todos? Muchos permanecieron y muchos de los que se fueron regresaron. Ante todo cabe decir que cuando pierdes una guerra tu narrativa va a contradecir cualquier cosa que digas. Yo tengo muy buenos amigos árabes, hemos trabajado juntos, pero cuando se llega a este tema no estamos de acuerdo. Ellos hablan de cuatro millones y medio a día de hoy. Yo les digo que eran 700.000 y ellos responden que han tenido hijos y nietos. La extrema izquierda israelí inventó una narrativa de que la guerra fue una idea de los sionistas para expulsar a los árabes. Pero no fue eso. Por supuesto hubo casos en que israelíes se comportaron de forma terrible. Está el caso de Tantura, una masacre terrible. Yo se de un lugar, Dir Yassin, en el que ocurrió una masacre pero no fue en el lugar en el que yo luché y luchaban bajo otro mando.

¿Cómo se sintió en el momento en que Ben Gurión declaró el estado en mayo del 48?

No podía sentir nada en aquél momento. Escribí acerca de esto en el libro. Nos preguntábamos: “¿Dónde ha declarado el estado?¿En Tel Aviv? Ok, nosotros estamos en Jerusalén”. Luchamos durante cuatro o cinco meses. Al principio debía ser menos tiempo y se alargó y después de ser herido regresé, pero no tardé mucho tiempo porque estaba muy débil y mi pierna no estaba bien. Luego me hice marinero, y cabe mencionar que en el barco donde trabajaba había muchos supervivientes republicanos españoles trabajando con nosotros de forma encubierta. Ellos se unieron a nosotros después de la guerra civil española para ayudarnos, uno de ellos era el patrón del barco y me llevaba muy bien con él. Solíamos sentarnos y me cantaba canciones de la guerra.

¿Y ellos lucharon?

No, no lucharon, estaban en el barco con nosotros. Trabajaban en el barco como marineros. Habían estado en la marina española.

¿Cree que existe una solución para este conflicto, el mas duradero del mundo?

Estoy dividido, tengo 82 años, siempre fui de izquierda y fui de las primeras personas que habló de la solución de los dos estados. Fui muy activo, hice una declaración con el escritor palestino Emil Habibi, estuve en Ramallah, pero no creo que haya una solución a día de hoy. No creo en la solución de dos estados ni en la de un estado. No creo que este estado pueda existir porque estamos rodeados de cientos de millones de árabes y no nos quieren y tratan de destruirnos. ¿Cómo podemos sobrevivir? El diario dice que tenemos bombas atómicas, pero no creo que se trate de eso. Mi nieto ni siquiera es judío porque mi mujer no es judía y por lo tanto ni mis hijos ni mis nietos lo son y veo que vive aquí, crecerá aquí y, probablemente, irá al ejército. ¿Que futuro es ese?

¿Entonces no cree que existe la posibilidad de llegar a un acuerdo con los líderes más moderados de Palestina?

No. ¿A qué llama un líder moderado? Emil Habibi es un escritor famoso, yo estuve en su casa, él en la mía. Yo era amigo de su esposa, pero al final todos nos traicionaron, nos mintieron. Una editorial francesa nos pidió que escribiéramos un libro juntos. Una vez estaba en Berlin, un poco borracho, con un amigo, y él me preguntó: "¿Yoram, alguna vez has leído lo que tu amigo Emil Habibi escribió?" Y le dije que no. Me lo leyó, decía que todos los judíos son terribles, que los israelíes son malos. Yo no lo podía creer. Habíamos pasado semanas enteras juntos. Pero en el momento de escribir, de dejar algo para sus hijos y sus nietos... De modo que, ¿Quienes son los árabes moderados? Es cierto que Bibi Netanyahu es un desastre, porque es de la derecha pero también porque es estúpido. No entiende que con el fin de vivir en este lugar se debe ser inteligente y que debes intentar verazmente hacer la paz. Incluso si no lo logras, incluso si es imposible, hay que intentarlo, hacer algo. Se puede crear el camino para que dentro de 20, 30 o 40 años se pueda llegar al momento en que se consiga la paz. Pero él hace lo contrario, lo hace más difícil que nunca. Y ese es el problema que nosotros hemos escogido, nuestro gobierno. La derecha, aquí, siempre supo el nombre del problema pero no tenía una solución; la izquierda nunca comprendió el problema, pero tenía una solución. Eso es porque la izquierda no ve lo profundamente interiorizado que está el antisemitismo entre los musulmanes y la derecha si está convencida. Un líder árabe dijo una vez que nunca habrá paz en base a la declaración de Balfour; no lo dijo como un deseo, lo dijo constatando un hecho. La declaración de Balfour (de 1917) daba el derecho a los judíos de establecer un pequeño estado propio, pero ellos (los árabes) no lo pudieron aceptar y, de hecho, todavía no logran aceptarlo. Entonces, ¿Cómo podemos vivir juntos?

¿Considera usted que sufre de post-trauma, a raiz de la guerra de 1948?

Si, he tenido. Lo he sufrido toda mi vida hasta que escribí este libro. El libro fue como una terapia para mi.

La Vanguardia