La prensa dice

25 may
2011

Entrevista a Rafael Yglesias en el Periódico

Por Elena Hevia

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‘Un matrimonio feliz’ (Libros del Asteroide) es una de las novelas más reconocidas del año. El autor traslada su propia experiencia a la ficción.

VALIENTE. NUEVA YORK , 1954 TAMBIÉN HA ESCRITO ‘SIN MIEDO A LA VIDA’ (QUE PETER WEIR LLEVÓ AL CINE) Y ‘DR. NERUDA’S CURE FOR EVIL’

Hijo de un escritor cubano y una novelista judía, el neoyorquino Rafael Yglesias cató el éxito de los lectores con tan solo 17 años. Su estrella literaria se apagó pocos años más tarde y en compensación realizadores tan notables como Roman Polanski, Peter Weir, Bille August y Walter Salles se rifaron sus guiones cinematográficos. Tras la muerte de su esposa, víctima de cáncer, ha recuperado el aprecio de la crítica norteamericana con una novela en la que reconstruye pormenorizadamente, con sus luces y sus sombras, 30 años de matrimonio.

–¿Ha sido muy dolorosa la escritura de este libro?
–Me costó mucho encontrar el tono y abandoné varias veces. Paradójicamente, rememorar los momentos felices fue lo más terrible para mí. Quise hacer un retrato real de mi esposa. Dibujarla como una mujer extraordinaria mostrándola en su cotidianidad nada vulgar.

–¿Y por qué hacer una novela en lugar de una memoria?
–Deseaba que el lector pudiera meterse en la piel del protagonista haciéndole seguir su iniciación a la vida. La identificación funciona mejor con un personaje de ficción.

–¿Dónde ha puesto el listón a la hora de mostrar su intimidad?
–Sé que cuento cosas que no quisiera calificar de vergonzosas pero que sí pueden ser un poco embarazosas para el lector.

–¿No le incomodaba mostrarse como alguien vanidoso, inseguro y en ocasiones egoísta?
–La gente real es así. A veces eres absurdo y falsario, otras maravilloso y también puedes ser un redomado canalla. En mi caso, no deseaba ser considerado un héroe por haber cuidado de mi esposa hasta el final. En los matrimonios funciona la misma regla. Conozco matrimonios perfectos pero, por lo general, todos tienen sus más y sus menos.

–Con un material tan inflamable, muestra una gran contención al no querer jugar a la lágrima fácil.
–El melodrama introduce elementos inverosímiles para provocar un efecto concreto y eso a mí me parece inmoral. Otra cosa es que el lector sí se conmueva pero considero que eso en la novela se produce más por la manera en la que ha sido escrita, su ritmo interno y sus flashbacks .

–Y también por la ironía. El título parece un homenaje al célebre inicio de Ana Karenina: «Todas las familias felices se parecen y las desgraciadas lo son cada una a su manera».
–Así es. Tolstói es uno de mis autores de cabecera.

–¿Podría definir felicidad?
–Es la aceptación de las circunstancia de la vida, incluso de las más dolorosas y, por encima de todo, de la propia mortalidad.

–La obra también refleja la conflictiva relación de los escritores con la industria de Hollywood.
–El cine me ha permitido no tener que depender de la literatura y eso me ha dado una gran libertad. En Hollywood he conocido todo tipo de gente, personas honestas y otras que no lo son tanto, directores con los que trabajar es una delicia y otros con los que resulta un infierno. Es una industria muy cambiante pero también buena para tu salud mental y financiera.

–¿No le deja mal sabor de boca haber recuperado el favor del público con un libro tan amargo?
–Sí... (ríe). Es irónico que un libro así de descarnado haya conectado tan bien con tanta gente.

el Periódico