La prensa dice

26 nov
2012

Entrevista a Nikolai Grozni en El Confidencial

Por Miguel Ayuso

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El escritor, músico y niño prodigio Nikolai Grozni (Sofía, 1973), ha publicado recientemente en español Jóvenes talentos (Libros del Asteroride), un crudo retrato de la vida bajo el anquilosado régimen comunista de finales de los ochenta, poco antes de la caída del Telón de Acero. A medio camino entre la autobiografía y la ficción, Grozni narra la vida de los alumnos de una Escuela de Música para Jóvenes Talentos, donde los profesores tratan a su alumnado como si la música que les enseñan no tuviera ningún poder para conmoverlos. Hipnótica e incisiva, Jóvenes talentos es una cautivadora narración sobre la angustia adolescente y un deslumbrante retrato de la vida en la Bulgaria comunista que ensalza el poder redentor de la música, según explica durante una entrevista con El Confidencial.

¿Se trata de un libro plenamente autobiográfico?

En su mayoría sí. La parte ficticia es la de algunos personajes, que son combinación de varias personas reales, pero son solo un par de ellos. Iban a aparecer demasiados personajes en el libro y decidí combinarlos. El resto del libro es completamente real. Mi tío abuelo Ilya, a quien está dedicado el libro, es un personaje muy real. Estuvo tres años en un campo de concentración.

¿Cómo recuerda su infancia en la Bulgaria comunista?

Creo que era un tiempo muy dramático y siempre intento volver a mi memoria para pensar sobre lo qué pasaba y por qué pasaba. Creo que no he olvidado nada de esa etapa vital.

¿Ha vuelto a su país de origen desde entonces?

Sí, he estado varias veces. Entre los años 2001 y 2004 viví allí, donde publiqué tres novelas, pero tuve que irme porque ya no aguantaba más. Todos mis amigos habían dejado el país para irse a vivir a los Estados Unidos. Mis padres todavía viven allí, pero es la única conexión que tengo con Bulgaria, al margen de ellos me siento como un forastero.

¿Echa de menos algo de su infancia?

Sí, desde luego. Una de las paradojas que trato de mostrar en el libro es que la infancia, por muy dramática y terrible que sea, siempre la vas a echar de menos, porque no tienes ninguna otra. Es la única infancia que he tenido y claro que la echo de menos. Experimentas todo por primera vez, aunque sea algo trágico, como en mi caso. Aun así fui feliz, pues era lo único que podía hacer. No tengo otro pasado. Si tienes buenos amigos puedes ser feliz en cualquier sitio.

¿Se sentía libre tocando el piano pese a vivir en una sociedad que estaba oprimida?

Sí. Para mí el piano era mi única vía de escape. Lo tocaba muchas horas al día. Unas 10 horas o más. Así no tenía que lidiar con ninguna otra cosa. Pero además de ser una forma de evasión era una especie de prisión. No podía dejar realmente el mundo del piano. Era muy difícil.

Supongo que, para el estándar de su país, era un chico afortunado.

En cierto sentido, yo y los otros chicos que aparecen en el libro éramos unos privilegiados. Teníamos acceso a los mejores profesores y a determinadas materias que la mayoría de gente solo estudiaba en la universidad. En ese sentido éramos unos privilegiados, actuábamos, teníamos grandes clases… Pero al mismo tiempo había una gran presión, no solo para ser el mejor, sino para representar al Estado comunista. Cuando fui a mi primera competición de piano tenía 10 años. Era una competición internacional. Fue en Italia. Antes de irme un miembro del partido me dio un pasaporte, porque sin el permiso del partido no podías tenerlo ni viajar a ningún sitio. Cuando me lo dieron me dijeron: “Ahora tienes que pelear por tu país”. Sólo tenía 10 años y no entendía cómo se podía pelear con la música. Era muy estúpido. Me di cuenta muy deprisa de que todo esto estaba muy mal. Era la Guerra Fría y el lenguaje de la gente del mundo soviético era un lenguaje de guerra. Y siempre he pensando que la música es lo opuesto a la guerra.

¿Trató de escapar de Bulgaria antes de que cayera el Telón de Acero?

Quería hacerlo, pero no sabía cómo. De hecho, cuando estuve en Italia unos familiares contactaron conmigo y mi padre y nos dijeron: “Os podemos ofrecer un apartamento para que os quedéis aquí y no regreséis”. Yo me asusté y me quedé con muy mal cuerpo. Realmente no quería quedarme, pero tampoco quería volver a Bulgaria, aun teniendo 10 años. Era un país muy siniestro…

¿Cree que, al margen de vivir en un país comunista, los conservatorios y la disciplina que se exige a los niños es problemática aún hoy en día?

Aunque no vivas en un régimen totalitario, cualquier niño que ha tocado el piano, el violín, o cualquier instrumento al que tengas que dedicar todo el día, ha vivido momentos difíciles en su vida. Aunque no esté en un régimen comunista. Solo eso es muy dramático. Es muy peligroso para los niños. Los padres se crean una ilusión sobre sus hijos, y los niños viven en un cuento de hadas, en una gran ilusión, donde todo está escrito. Eso no es la realidad. Mi experiencia es que muchos de estos niños prodigios, que eran genios extraordinarios, fracasaron terriblemente en la vida, en todas las facetas, y tuvieron que dejar de tocar el piano, algunos se suicidaron, otros eran muy infelices. Solo unos pocos lograron manejar la situación de alguna forma sin volverse locos. Es muy difícil, especialmente cuando empiezas una carrera con cinco años.

Fue a EEUU a estudiar jazz, ¿cambió esto la forma en la que veía la música?

Lo que pasó es que fui expulsado del conservatorio, hace como diez años, porque ya no podía seguir tocando música clásica. Entonces lo perdí todo y decidí empezar a tocar jazz. Era una forma diferente de enfrentarme al piano. Fue muy liberador para mí, y probablemente fue la mejor decisión que pude haber tomado.

Finalmente, de todas formas, acabó dejando la música.

Lo que pasó es que cuando llegué a los EEUU tenía 18 años, ya no era un adolescente, pero seguía siendo muy joven. Por primera vez estaba solo y era responsable de todos mis actos, entonces pude pensar sobre lo que realmente quería hacer, sin nadie que me dijera qué era lo mejor para mí. Un día, cuando me quedaba un solo semestre para graduarme en la universidad, me di cuenta de que esto no era lo que quería hacer toda mi vida. Había pasado toda mi existencia, desde muy pequeño, centrado en la música, sin hacer nada más, y no sabía nada sobre el mundo. Siempre había querido ir a la India, estudiar filosofía y viajar. Así que decidí dejarlo todo y ponerme manos a la obra.

Y acabó siendo un monje…

Sí. Quería estudiar tibetano para ir a una universidad del Tíbet a estudiar filosofía. Pero resulta que no puedes ir si no eres monje. Se trata de universidades monásticas, exclusivamente. Para estar allí, vivir allí, y estudiar de día y de noche, tienes que ser monje. Así que me hice monje, y así viví durante cinco años.

Al final huyó de la disciplina de la música para abrazar la de un monasterio.

Bueno, es verdad, no era muy diferente. Si tocas el piano eres una especie de monje. No tienes mucho tiempo para cualquier otra cosa. Es más o menos lo mismo, y es por lo que tuve que dejar la India también. Me di cuenta de que, en el fondo, no me había escapado muy lejos. Cinco años en la India es mucho tiempo debido a las condiciones de vida, las enfermedades… Vivía con unos 10 o 15 dólares al mes. Este era todo el dinero que tenía. Las condiciones de vida también eran muy pobres. Además, me puse muy enfermo, contraje Malaria y casi me muero. Me tuve que marchar por cuestiones de salud.

¿Cuándo empezó a escribir?

En el monasterio, cuando me empecé a aburrir de los monjes y del estudio de la filosofía. Es algo fantástico, y sigo pensando en ello, pero vivir con gente que no hace otra cosa que debatir sobre asuntos filosóficos todo el día puede llegar a ser muy aburrido. Yo pensaba sobre otras cosas: la pasión, el amor, los colores, la música… Me sentía otra vez como si estuviera en una prisión. Así que empecé a escribir. Mi primer libro lo publicaron en 2000 en Bulgaria, y habla de mi experiencia en la India.

¿No ha pensado en regresar a la música?

Sí. Me gustaría volver a componer música. De hecho, tengo muchas ideas, pero no el tiempo suficiente para llevarlas a cabo. Me gusta hacer música clásica contemporánea, no microtonal, sino más al estilo de Erik Satie.

¿Por qué decidió nombrar cada capítulo como una composición?

Quería encontrar una manera para hablar sobre la música, pero sin usar necesariamente terminología musical, que puede realmente matar la idea de esta. Quería mostrar lo que se siente cuando tocas un instrumento, y te introduces en el estudio de una pieza musical. Todo tu universo se transforma, y lo ves todo a través de esa composición. El mundo entra también en ella. Quería mostrar cómo era esto a través de las propias composiciones.

¿Es como una banda sonora para el libro?

Sí, sería genial que viniera un CD en el libro con todas las canciones que aparecen.

¿Cuáles son tus planes de futuro?

De momento no voy a escribir más libros autobiográficos. Es muy difícil y doloroso. Quiero tomar un descanso. Escribir sobre tu vida no siempre ayuda, a veces hace que te sientas mucho peor.

¿Le cuesta recordar su pasado?

Sí. Es muy difícil. Creo que mi próximo libro no tendrá nada que ver con mis propias experiencias.

El confidencial