La prensa dice

1 jul
2013

Entrevista a Llucia Ramis en El Mundo

Por Laura Fernández

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Encerrar la historia de su familia, la de la decadencia y caída de un pequeño imperio, en una novela. Eso se propuso Llucia Ramis cuando empezó a escribir la nostálgica y decididamente encantadora ’Todo lo que una tarde murió con las bicicletas’ (Libros del Asteroide/Columna), radiografía, en sus palabras, de "todas las crisis", las económicas, las familiares, las existenciales. "Ante una crisis puedes hacer dos cosas: hundirte o tratar de salir adelante", sentencia. Ella, y la narradora de su peculiar ’memoir’, opta por pelear. Aunque la pelea pasa por un regreso al hogar (la casa de sus padres, la casa donde fue niña) que tiene mucho de descenso a los infiernos.

La novela arranca con la protagonista, una treintañera sin nombre, visitando la casa de Brumina (Asturias) en la que vivieron sus tatarabuelos belgas, propietarios de una compañía minera que, desde 1833 hasta el año en que quebró, amasaron fortuna en un país, España, que les traía sin cuidado. De esa rica familia desciende la madre de la protagonista, criada entre París y Bruselas, que en un momento dado decide romper con todo y construir su propia familia, lejos de casa (en Mallorca). Pero la protagonista quiere, necesita, hurgar en su pasado, porque cree que la familia "es un sistema de espejos" en el que tarde o temprano uno se encuentra consigo mismo. Así que viaja hasta Brumina y le sorprende descubrir que la casa familiar es prácticamente una ruina.

La casa familiar, representa, en ese sentido, la ruina en la que se ha convertido la familia, aquejada de goteras insalvables y rincones listos para el derrumbe, por descuido. Y porque todo, en realidad, era mentira. "Nuestros padres nos cuentan mentiras que nos creemos hasta que un día dejamos de creérnoslas y empezamos a contarlas nosotros. Es como los Reyes Magos. Nunca han existido. Y ese futuro mejor que nos prometieron tampoco", sentencia la escritora, que en 2010 ganó, con su segunda novela, ’Egosurfing’, el prestigioso Josep Pla. "Saber de dónde vienes quizá no cambie tu vida pero sí hace que entiendas muchas cosas", sentencia a continuación.

En ese sentido, Ramis cree que el verso de Pere Gimferrer que ha elegido para titular su historia "resume en una sola frase todo lo que he querido expresar con la novela", la nostalgia por el pasado y a la vez la certeza de que "es lo único que tenemos, lo único que no podrán quitarnos". Así, la escritora y periodista, colaboradora de EL MUNDO, recopila recuerdos, sus recuerdos de niña y adolescente pero también los de sus abuelos y sus padres, que se suceden sin un orden, porque esa era su intención, la de que las cosas "se amontonasen como se amontonan las viejas fotografías en una caja". Mallorca aparece como refugio, pero también como paraíso perdido, como "el lugar que nunca cambia" que, como el pasado, "nunca podrán quitarte", asegura la autora, convencida de haber escrito "una historia de amor a mi familia, lo único que queda cuando todo desaparece".

La propia autora se ha encargado de traducir la historia al castellano, tratando de que "no sonara como una traducción sino como un libro escrito originariamente en castellano". "He rehecho capítulos enteros, he recortado algunas cosas y he omitido adjetivos para que no quedara pomposo. El catalán parece más rico en ese sentido, se permite una cierta poesía que en castellano resulta forzada", considera Ramis, quien, por otro lado, quería respetar la importancia de las tres lenguas de la familia: "el catalán en Mallorca, el castellano materno de Asturias y Madrid, y el francés que hablé hasta los tres años, herencia de mis abuelos belgas", apunta, y concluye: "Traducirme a mí misma ha sido como volver a escribir el libro". Volver a mirarse en el espejo.

El Mundo