La prensa dice

18 jun
2010

El realismo de la ficción, por José Luis Urrutia

Nada más adentrarse en las páginas de El gran mundo, uno percibe que está ante una gran novela, que tiene por delante un buen número de páginas (exactamente 400) con las que, si el autor no se desvía del camino esbozado, va a disfrutar de unas horas de apasionante lectura. Y, por suerte, David Malouf, que así se llama el padre de esta obra, no sólo no se desvía, sino que mantiene un rumbo fijo que no podremos abandonar una vez iniciada la marcha.

El tema principal, el punto en el que Malouf parece haber querido incidir más, es las relaciones humanas, ese complejo universo que aquí aparece retratado desde todas las perspectivas posibles. Para ello ha elegido dos personajes, Digger Keen y Vic Curran , dos hombres unidos por una infancia difícil, aunque por diferentes motivos. En continuos y bien repartidos flashbacks, el autor nos va presentando esa infancia que, como sucede en la vida real, tanto influye en el futuro de las personas. La forma en que disecciona el carácter de cada personaje, especialmente el de los dos protagonistas, es magistral. Además, Malouf es un esmerado arquitecto de la narrativa. Los capítulos están compensados, los párrafos diseñados de manera armónica, adecuados al tema y la intensidad de la acción, y las frases medidas con la exactitud de un calibre. Por otra parte, posee el arte, o la habilidad, de dar con el adjetivo perfecto que cada momento requiere. Hay instantes en que es tan sugerente la estructura que uno se imagina al autor montando, encajando lenta y reflexivamente un enorme mecano en vez de escribiendo.

Todas estas cualidades, aparentemente tan frías, no restan ni un ápice de intensidad o de tensión. Muy al contrario. Las atmósferas que David Malouf crea están preñadas de calor, de fuerza, de un realismo que atrapa, como si de pronto las letras se convirtieran en una mano gigante que nos atenazara por la pechera y nos introdujera en la novela.

La personalidad de todos los personajes, especialmente de Digger Keen y de Vic Curran, queda reflejada con tanta nitidez que llega a convertirlos en seres de aire, de cristal, transparentes tanto física como anímicamente. Digger y Vic, a quienes conoceremos tanto en su niñez como en su juventud y en su época adulta, son dos personas radicalmente opuestas a pesar de esa infancia tan semejante que antes apuntábamos. Respecto a esa niñez casi calcada en lo duro, lo triste, lo sórdido, resulta agradable comprobar cómo el autor sabe pintar semejanzas y al mismo tiempo perspectivas, resultados, sentimientos y reacciones diferentes, dotando a cada uno de los protagonistas de vida propia.

En la novela hay un hecho que marca un antes y un después en la existencia de Digger y de Vic: su estancia en un campo de prisioneros japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Es allí donde, en medio de un ambiente cambiante, desconcertante en ocasiones, y finalmente marcado por la violencia tanto física como psíquica, los caracteres de estos dos jóvenes salen a la luz con toda su fuerza y, al mismo tiempo, se forjan de manera brutal. Sin embargo, Malouf no se recrea en escenas cargadas de tragedia ni cae en la tentación de exagerar los momentos más álgidos.Tanto a la hora de narrar la placidez de una tarde junto a un río solitario, como a la de describir el horror y el miedo de un combate cuerpo a cuerpo, mantiene un pulso sobrio, cargado de tensión y de vida, que trasmite al lector una cautivadora sensación de realismo.

En definitiva, David Malouf nos regala un cuadro con varios elementos: Australia, una parcela de la II Guerra Mundial, y como tema central la relación áspera, tormentosa, y también estrecha, de dos hombres marcados por sus pasados y por las particulares visiones de sus futuros.

No podemos cerrar está crónica sin reseñar que David Malouf (Brisbane, Australia, 1934) es un autor con una trayectoria firme y una elegante bibliografía, en la que destaca la novela que aquí presentamos, para muchos críticos su mejor obra, y con la que ganó el Commonwealth Writers’Prize y el Prix Femina étranger francés.

Diario de Bilbao