La prensa dice

1 ago
2008

El Pentateuco de Isaac, por Antonio Lozano

El crítico está,antes que nada, para transrmitir entusiasmo.La lectura es un ejercicio subjetivo que va a la caza del placer.

Leemos con el corazón y con las vísceras. Leemos con la esperanza de encontrarnos de tanto en tanto con libros como este. Uno sale de él como de un restaurante donde le han servido una caldereta de langosta para chuparse los dedos: con ganas de propagar a los cuatro vientos sus virludes. Si fuera Wagenstein,encontraría una desternillante estampa de humor judío que me sirviera para ilustrar el gozo que procura esta novela, probablemente una parábola que empezara con dos rabinos apostándose algo.

El autor tardó 76 años en escribirla porque antes tuvo que vivir el exilio, luchar contra el fascismo, pasar por un campo de trabajo y ser condenado a muerte. Wagenstein no es Isaac Jacob Blumenfeld, el protagonista de esta tragicómica historia de supervivencia zarandeado por los cambios de fronteras y el absurdo de las ideologías, pero bien podría suscribir estas palabras suyas: "Por favor, no busques lógica en mi destino, porque no es que yo empujara los acontecimientos sino que estos me empujaron a mi. No he sido la piedra del molino, ni el agua que la hace girar: he sido la harina".

El humor y el horror están muy cerca -tanto como un vaso de leche y un codo, ya leerán- pero esto solo lo saben los genios capaces de reírse a mandíbula batiente de sus desgracias.

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