La prensa dice

1 may
2007

El mundo de los prodigios, por Rodrigo Fresán

El mundo de los prodigios (1975) es la novela que cierra la "Trilogía Deptford"-las dos primeras entregas habían sido El quinto en discordia (1970) y Mantícora (1972), también editadas por Libros del Asteroide, que ahora se apresta a publicar la "Trilogía Cornish"-, y hay que decirlo: se trata de un perfecto tercer acto y de un gran truco final.

El último milagro de un ciclo novelístico deslumbrante donde todos los misterios son aclarados sin que por eso pierdan su inicial potencia enigmática. Y si en la primera entrega las enrevesadas idas y vueltas pasaban por la mirada de Dunstan Ramsay y en la segunda por las respuestas confesionales del psicoanalizado hijo de magnate David Staunton, aquí, por fin, se nos ilumina la abracadabrante existencia de Paul Dempster, mejor conocido como el insuperable ilusionista Magnus Eisengrim. Así, la vida y obra de este hombre misterioso -cuya sombra aparecía y desaparecía y volvía a aparecer en los momentos más deliciosamente dramáticos de las dos novelas anteriores- es tema de una película biográfica en cuyos sets coinciden todos los ya conocidos y disfrutados voluntarios dispuestos a hipnotizar al lector. Porque el atractivo añadido a la ya descontada maestría de El mundo de los prodigios pasa por el reencuentro y por la sutil o radical modificación que experimentan sucesos familiares cuando son observados por otros ojos y desde otra perspectiva. Hechos que aquí se contemplan bajo una nueva y reveladora luz, confirmando lo que algunos sabían desde siempre y muchos saben desde hace poco: Robertson Davies es un mago.

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